Luis Prieto


Como todo el mundo lo sabe, Producto Interno Bruto, el PIB, es el valor de todos los bienes y servicios producidos durante un año en el país.
Dentro de ese gran grupo está incluida la producción industrial, que tiene significados especiales. Es la transformación de materias primas en productos terminados. Su definición es simple, pero su puesta en marcha son palabras mayores.
Esa transformación va desde la más primaria adición del esfuerzo humano, hasta la más sofisticada conjugación de elementos químicos y físicos, para producir la bomba atómica o sputniks y robots para investigar el cosmos. Y naturalmente lo que concierne con todo aquello del diario vivir.
Por eso hay que saludar con respeto todas las manifestaciones que signifiquen una producción por primitiva que parezca.
El devenir de las comunidades transformadas en ciudades, grandes o pequeñas, exige productos transformados para su desarrollo y la bienandanza codiciada.
Los que optan por ser productores o industriales, además del bien industrial, crean empleos, importantísimos para el tranquilo oleaje donde descansa la arisca estructura social.
Todo esto hace a los industriales personas poderosas e importantes en el mundo que conviven, y más allá.
El poderío de las naciones del mundo está representado en la capacidad de su producción industrial. Merced a ello, ese mundo crece y se desarrolla superando todo lo que encuentra a su paso, hacia un porvenir infinito. Un infinito como lo es el soplo divino que creó la inteligencia humana.
Todo eso se representa en nuestro pequeño orbe ciudadano. El poderío industrial y consigo el progreso y bienestar de las comunidades departamentales de Colombia, se marcan con rigor en las estadísticas del DANE.
Qué bueno sería que alguien acucioso le pidiera al DANE los PIB industriales de los diversos departamentos y ciudades, ilustración que en escala descendente, identifica quién es quién en Colombia, tanto en bienestar como en poder. ¿Dónde estará situado el PIB industrial de Manizales?
Este artículo está inspirado por la excelente presentación de LA PATRIA, de quien es un verdadero industrial con todo lo que este título significa.
José Fernando Rivas Durán, con su señora madre y sus dos hijas, ha construido desde cero toda una señora empresa industrial que honra a Manizales y a Caldas.
Su sobriedad le ha dejado permear apenas unas breves angustias de lo que fue su odisea industrial. José Fernando es el verdadero hombre de empresa que de la nada ha logrado producciones industriales que llegan a varios países que las aprecian y reclaman.
Ha tenido que luchar contra grandes desventajas que a otros hubieran abatido porque muy pocos tienen los arrestos de su talla. Una de tales es la localización de la ciudad donde opera, un rincón inaccesible así condenada por la desidia y conformismo de sus gentes. Una reducción importante de sus costos, lo invitan diariamente a emigrar a lugares más cercanos a su clientela y demanda. Su patriotismo parroquial lo inhibe hasta el momento.
Es el verdadero ejemplo para una juventud que solo aspira a un humillante empleo, donde la cabeza baja y un ‘sí señor’ permanente, constituyen el ritual de su denigrante seguridad.
Un Titán como José Fernando Rivas, de brazo de su madre y de sus hijas, muestra con hechos y la cabeza enhiesta a la mocedad indecisa de su ciudad, que de esa nada se puede construir hasta un imperio.
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