Jaime Alzate


Acaba de lanzar el gobierno, con cambio de ministro y todo, un programa para la construcción de cien mil casas para los más pobres de los pobres, como fue el eslogan que se le puso. En ningún caso haré críticas a uno de los más importantes y necesarios pasos para tratar de entregar soluciones a algo tan vital como es el techo para las gentes cuyo límite económico raya en la miseria. Solo quiero contar una experiencia que debe tenerse muy presente en el desarrollo de tan ambicioso plan.
Durante mi vida profesional estuve relacionado con el gremio de la construcción y tuve el enorme orgullo de pertenecer a distintos organismos que aglutinaban a este sector y formar parte de sus juntas directivas, tanto de carácter nacional como regional.
Pues bien: todos los gobiernos a través de la historia han tratado, algunos con verdadero afán de progreso, otros en forma demagógica, de impulsar y convertir la construcción de vivienda popular en su estandarte, pues es una de las mejores, si no la mejor, formas de prestar ayuda en países que como el nuestro están muy atrasados en esta solución vital para los destechados.
El reto que ha aceptado el ministro Vargas Lleras es tal vez el más arriesgado que haya enfrentado algún funcionario en los últimos gobiernos, pues sus aspiraciones presidenciales le habrían quedado más fáciles de continuar desde el Ministerio de la política, en la cual es un verdadero experto, que en un campo técnico en el que en su trayectoria de hombre público le falta mucha experiencia.
Recuerdo que en la presidencia de López Michelsen se lanzó un plan muy parecido, aunque menos ambicioso, y con bombos y platillos se nombró como superministro a un reputado arquitecto de Bogotá llamado René Caballero, reconocido tanto por su amistad con el Presidente, como por su petulancia exagerada. Comenzó, me acuerdo mucho, con una gran reunión con los gremios de todo el país en las oficinas de Camacol Cundinamarca, y antes de que nos hubiéramos sentado tomó la palabra, y más o menos nos dijo: "Vengo a notificarles que por voluntad del Presidente y bajo mi dirección vamos a construir cincuenta mil casas de interés social, y no admitimos controversia de nadie, pues esta es una decisión de gobierno ya tomada y no aceptamos objeciones. Buenas tardes". Y salió de la sala ante el asombro del auditorio.
Pues el plan resultó un verdadero fracaso, porque a pesar de que existía la voluntad, y creemos que también los recursos, se presentó una infranqueable barrera que en su momento no fue tenida en cuenta: la escasez de tierras en el país para levantar las viviendas. Las tierras en bruto existen, pero de allí a recorrer el camino de las negociaciones, los juicios de expropiación, las licencias ambientales, las vías de acceso y, sobre todo, los servicios públicos bien diseñados, generalmente son cosas de nunca acabar. En particular estos últimos que son el escalón más importante para que el día de mañana no se repitan las tragedias que tienen que vivir no solamente los habitantes de estratos bajos sino también los de niveles más altos, cuyas viviendas con las menores lluvias se inundan en pocos minutos, por culpa de la ineptitud e irresponsabilidad de muchos constructores.
Ojalá, así lo esperamos todos, que Vargas Lleras demuestre su polifacética capacidad para moverse en terrenos tan disímiles y este ambicioso proyecto sea una realidad, lo que sin duda le abriría las puertas del Palacio de los Presidentes, donde tanto ambiciona llegar.
P.D.: Algunos creen que el hospital "Franklin Delano Roosvelt" se había especializado para curar el Sida.
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