Jaime Alzate


Estamos próximos a darle otra vuelta a la hoja en este rápido transcurrir del tiempo que cada vez más nos confirma que no solo corre, sino que vuela. El balance del país durante el 2013 tiene revuelto un poco de todo. Unas cosas buenas y otras verdaderamente desastrosas, a tal punto que estamos metidos en varias encrucijadas que no nos van a dejar pasar la Navidad y año nuevo con la buena dosis de tranquilidad que tanto necesitamos.
El suceso que más nos tiene colgados de la brocha es lo que está pasando con el, ojalá cuando aparezca esta columna, exalcalde de Bogotá, el funesto señor Petro. El miércoles se fue para USA para pedirle cacao a la Corte Interamericana de Justicia, argumentando que las autoridades colombianas encabezadas por el procurador general, e insinuando paladinamente que también el presidente de la República, acolitaban un golpe de Estado contra el gobierno de Bogotá que él tan "exitosamente" dirige, o dirigía.
Todavía no sabemos en qué va a parar esta denuncia, a la que seguramente le sumará una andanada contra el registrador Nacional, ya que el martes pasado le dio vía libre a la revocatoria de su mandato, aceptando la posibilidad de llamar a las urnas para que los habitantes de la Capital decidan la suerte de uno de los peores alcaldes que haya tenido esta dolorida ciudad.
Pensar que cuando fue elegido Petro, estábamos seguros de que por malo que fuera, nunca iba a ser de la calaña de Samuel Moreno, pero para sorpresa general, su poco conocimiento de la administración pública, su desagradable petulancia y su inigualable terquedad, despreciando los consejos de sus mismos amigos y colaboradores, hicieron que desde las primeras de cambio comenzara a mostrar el cobre, hasta hacer caer a Bogotá en una situación por la que estamos ansiando que sea ratificada rápidamente la condena del procurador, para no tener que esperar las elecciones convocadas por el registrador.
Esto sería sin duda lo mejor que nos podía pasar, no solamente porque no solo nos ahorraríamos una gran cantidad de plata, pues estas costarían la bobadita de 55 mil millones de pesos, sino que en el caso de que siga gobernando durante dos meses más nos expondría al gravísimo riesgo de tener que afrontar unas decisiones administrativas basadas en el rencor y la venganza, que podrían dar al traste con la suerte de la ciudad.
Estamos, entonces, en un momento crítico, y a pesar de que el presidente ha dicho y repetido que no se va a meter en este pleito, lo mejor que le podría pasar es salir rápido de este personaje, porque las cosas buenas que ha tenido esta presidencia se han visto opacadas por las embarradas de Petro.
Ojalá podamos pasar los últimos días del año con este problema resuelto, porque todo indica que las promesas de los farcianos, como todo lo de ellos, van a ser otra gran frustración para toda Colombia que entre cadenas gime, de ver a la virgen arrancando en agonía sus cabellos. Feliz Navidad y, Dios quiera, un nuevo año sin tantos nubarrones.
P.D.: Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo tienen lugar en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo allí, donde tienen lugar las grandes estupideces del mundo.
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