Luis Prieto


Caldas, y su capital Manizales, están de fiesta por el triunfo electoral que llevó a la Gobernación a un gran señor, Julián Gutiérrez. Quiera la Providencia que este acontecimiento sea el principio de una limpieza política, que le permita a ambos beneficiarios presentarse con una imagen de civilización y dignidad más acendradas. Que ese estigma del robo a Caldas que ha persistido en la mente de los colombianos como algo intrínseco y continuado de la clase política de la región, se olvide para siempre y sus integrantes tengan recibo digno en las esferas estatales y en general en la sociedad colombiana.
La palabra coalición en Caldas se ha conferido como un sistema maléfico, para un reparto sospechoso de la burocracia departamental entre un grupo amañado, que gana las elecciones como sea.
En realidad, este sistema colectivo, ya de moda en el país, se ha convertido en una amalgama poderosa e incestuosa que hay que consolidar todos los días, porque sus partes tratan de separarse y para evitarlo, las alimentan diariamente con una porción satisfactoria de las viandas presupuestales.
Así las cosas, la gobernabilidad se ha venido abajo, porque el miedo de desintegrar esta mezcolanza política, de desayuno burocrático diario, paraliza la gestión gubernamental. El producto de estas situaciones de gravedad máxima, las está viendo el país con una actualidad que nadie sabe si algún día terminará.
Las normas actuales, constituidas a su manera, permiten a los políticos colombianos acomodarse en cualquiera de estas montoneras sin vergüenza alguna, para garantizar el mendrugo presupuestal, sin que sea menester bases ideológicas o que su montonera pueda proveerlas.
Las masas colombianas andan sueltas. No tienen quién las represente. Los jefes políticos, hasta hace pocos años, las alentaban y nutrían ideológicamente en las plazas públicas de todos los pueblos y las exhortaban desde tribunas centradas en esos lugares, generalmente abarrotados. También allí, a la luz del sol, se comprometían y cumplían. Era toda una asamblea popular, con una especie de Moisés que señalaba diariamente la tierra prometida y a quien elegían porque era su amigo y protector.
No eran las coaliciones que nadie conocía ni apreciaba. El dueño y señor de los votos era este gran jefe político que llegaba allí, practicando la política casi desde su nacimiento. Una ciencia noble dedicada con una abnegación que la hacía respetable. Hablo de gigantes de la política que conocí, con cierta cercanía, como Carlos Lleras Restrepo, Mariano Ospina, Belisario Betancur, Alfonso López Michelsen, Misael Pastrana, Virgilio Barco, Luis Carlos Galán, César Gaviria, Álvaro Uribe Vélez.
El suscrito sostiene que todos los cargos de representación, diputados, alcaldías, gobernaciones, parlamentarios, deben ser ocupados por los políticos. El sector privado nada tiene que hacer en estos menesteres. Puede despertar suspicacias non sanctas.
El admirado Julián Gutiérrez, fue promovido por una coalición mezcla de organizaciones de grupos políticos contrapuestos, donde lo único respetable es la presencia del partido liberal, partido al cual ha pertenecido desde su primera juventud. Quien esto escribe compartió con el nuevo gobernador la campaña presidencial, primero de Galán y luego de Gaviria a quien se llevó a la Presidencia de la República.
Al celebrar reiteradamente su elección como Gobernador, el suscrito no está de acuerdo que trate de acreditar su gobernación porque según su decir, viene del sector privado. No tiene que avergonzarse de la actividad política que practicó, en el pasado y luego lo condujo a donde hoy está.
Por el contrario, debe como un participante político honesto, con alguna ausencia, pero que regresa más maduro y centrado para bien de la clase política de Caldas, y honrarla con una gobernación pulcra y dinámica. Harto necesita la política de Caldas de personas de su clase y preeminencia, en momentos clave como los actuales, cuando con su elección termina, al decir de muchos, una coyunda de cuarenta años. Ojalá que con su accionar político actual, mueran las coaliciones y sea su partido liberal el solo comandante de las ideas liberales, que fueron gloria nacional y representante óptimo de las clases populares sin protección, que hoy han tenido que hacer estos paros porque no existe quién los reivindique.
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