Jaime Alzate


Sin duda el tema periodístico de la presente semana corrió por cuenta del equipo de fútbol Millonarios. Muy difícil encontrar más metidas de pata juntas en tan corto tiempo, sobre todo en un país donde las noticias se atropellan a tal velocidad que a veces es imposible analizar muchas de ellas.
- El gigantesco oso del partido con Real Madrid, cuando fueron arrasados por un vergonzoso 8 a 0, debería haber descabezado de una tanto a parte de la junta, como al director técnico y a varios jugadores. Los que vimos esta herradura -porque no fue un partido- no sabíamos si reírnos o llorar de pena por lo que estaba sucediendo en el Santiago Bernabeu. Que se pierda un partido amistoso no tiene nada de raro, pero que lleven al equipo hasta Madrid como un homenaje a uno de los mejores futbolistas de la historia como fue Di Stéfano, quien llevó con honor la camiseta del equipo, y no le metan la virilidad que debían haber demostrado, es realmente rechazable, porque dadas las circunstancias, este enfrentamiento iba a ser visto por gran cantidad de aficionados en todo el mundo y el nombre de Colombia estaba en juego. Pienso que aunque sean distintas autoridades las que manejan estos equipos profesionales, deben existir ciertas reglamentaciones para que nuestro nombre no quede enlodado por jugadores sin verraquera.
- Los directivos del mismo equipo, en cabeza de su presidente, soltaron sorpresivamente la noticia de que Millonarios renunciaría a las estrellas ganadas durante la terrible época del narcofútbol, que entre otras cosas, todavía está lejos de acabarse. Aunque tengo mis dudas sobre la generalización de esta decisión, creo que el momento en que se hizo pública, cuando los jugadores estaban montados en un avión para enfrentar al mejor equipo del mundo con la publicidad que esto creaba, hizo que lo del partido pasara a un segundo plano para convertirnos otra vez en el centro mundial de las noticias sobre la droga. Estoy seguro que esta medida fue tomada por los directivos, para darse vitrina, porque nadie había mencionado para nada, este espinoso tema. ¿Por qué no pensó el señor presidente del club, que esto podría causar otra oleada de mala prensa para nuestro país, como efectivamente sucedió? ¿Por qué no esperaron al regreso de su viaje para dar a conocer esta delicada determinación? ¿No hubo un solo directivo que se hubiera opuesto en ese momento a semejante error? Merecen repudio estos directivos por tener tan poca responsabilidad con su patria, porque muchas veces lo inoportuno es signo de ignorancia.
- La tercera embarrada pero que esta vez fue como víctima, fue la patada que le dio el jugador Gerardo Bedoya de Santa Fe a Johny Ramírez de Millos. Repudiable acto y merecido el castigo impuesto. Pero la payasada de Ramírez, revolcándose como si lo estuvieran matando, para levantarse en segundos a seguir jugando como si nada hubiera pasado, es también un oso que merece una sanción.
Comentario: El columnista de El Tiempo Saúl Hernández, comenta esta semana sobre unos temas realistas que deberían hacernos abrir los ojos sobre lo que se nos puede venir encima con las tan mentadas conversaciones de paz con los narcoguerrilleros. Se nos ha venido diciendo que en los últimos diez años son 17.000 los reinsertados de las Farc sin perjuicios para el país porque lo han hecho, según se dice, en forma pacífica de su parte y generosa por parte del gobierno. También se nos informa que solo quedan 8.000 bandidos arrasando nuestros campos. Entonces, se pregunta Hernández: ¿por qué tenemos que entregarnos a un puñado de facinerosos que no llegan al 3 por ciento de los colombianos y quienes, fuera de sus conocidos compinches, son repudiados por la gran mayoría de países civilizados del mundo? Menciona también el columnista que en la más reciente encuesta de la firma Napoleón Franco, el 72 por ciento de los colombianos nos oponemos a que las Farc puedan participar en política. El 68 por ciento no estamos de acuerdo en que sean perdonados y el 80 por ciento, nos oponemos a que los que están presos sean liberados.
Sigue disminuyendo mi razonable optimismo, pero aun me queda una pequeña reserva que diariamente me dice que la esperanza es lo último que se pierde.
P.D.: Si el dinero no compra el amor, sí te facilita en gran medida las negociaciones.
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