Efraim Osorio


En el capítulo XV de la primera parte de su novela "Persiles y Sigismunda", escribe Cervantes, no Pambelé, sino el otro, el de Alcalá de Henares: "Cuando se trasiegan los vinos por la mar de un cabo a otro se mejoran de manera que no hay néctar que se los iguale". Sentencia que Jacinto Cruz de Elejalde explicó así: "Generalmente, cuando las cosas que uno da por garantizadas en casa o en la tierra natal -como tomarse una copa de vino-, se reciben en lugares lejanos y extraños, producen más gusto y causan más alegría, porque, además de la bondad que poseen, despiertan el sentido del nacionalismo y la nostalgia del hogar". Transcribo lo anterior para volver sobre el desconocido y muy empleado verbo ‘trasegar’. Digo ‘desconocido’, porque quienes lo usan le dan siempre la misma acepción equivocada, como lo hizo el rector de la Universidad de Manizales, Guillermo Orlando Sierra, en esta oración: "Cuando se presentó esta separación entre periodismo de noticias y de opinión, aquel empezó a trasegar por el camino del sensacionalismo" (LA PATRIA, 8/2/2013). El verbo ‘trasegar’ no significa ‘recorrer caminos ni veredas ni senderos ni trochas ni carreteras’, sino, digamos, "pasar un líquido de un contenedor a otro", verbigracia, "estuvimos toda la noche trasegando frascos de tequila". Quiere decir también "trastornar, revolver", por ejemplo, pasar papeles desordenadamente de un lugar a otro, como lo hacemos todos los días en el escritorio. Además, en su frase omitió el término ‘el’ (artículo y pronombre, respectivamente) para determinar de qué ‘separación’ hablaba y hacerles más asequible la comprensión del texto a sus lectores. Lea, señor: "Cuando se presentó esta separación entre EL periodismo de noticias y EL de opinión…". Quisquillas, pero de suma importancia.
* * *
‘Adonde’, ‘¿adónde?’. He tenido siempre la impresión de que este adverbio, en sus dos formas, es superfluo. La misma razón, quizá, movió a mi hijo Carlos Humberto a preguntarme por él después de haberlo leído en uno de los infinitos libros de Paulo Coelho. A nuestro idioma llegó antes de Cervantes, quien lo emplea en un giro que no aguantó los siglos posteriores y se esfumó en una cualquiera de sus noches: "El primero que le habló fue don Quijote, diciéndole: -Muy a la ligera camina vuesa merced, señor galán. ¿Y adónde bueno?, sepamos, si es que gusta decirlo" (II-XXIII). Los dos giros ‘¿adónde bueno?’ y ‘¿de dónde bueno?’ significaban, respectivamente, ‘¿a dónde va?’ y ‘¿de dónde viene?’. ‘Adonde’ es ‘superfluo’ por su evolución: En un principio, no se decía ‘donde’, sino ‘onde’, tomado directamente del latín ‘unde’ (de donde, desde donde); le añadieron luego la ‘de’, y, posteriormente, alguien le pegó la preposición ‘a’, y, así, ‘adonde’ pasó a los diccionarios como adverbio relativo, por lo que se usa generalmente cuando tiene antecedente, verbigracia, "un lugar adonde aún no ha llegado la civilización". Ahora bien, si se compara esta frase con "un lugar en donde todavía hay paz", no veo ninguna razón que me impida decir "un lugar a donde aún no ha llegado la civilización". Lo que se aprecia más claramente en la siguiente muestra: "Ése era el lugar adonde nos dirigíamos ayer", que puede ser sustituido por "ése era el lugar hacia donde nos dirigíamos ayer". Lo mismo se puede decir de su forma interrogativa: "¿Adónde vamos?", que puede ser cambiada por "¿a dónde vamos?" o "¿hacia dónde vamos?". Razones por las que los diccionarios le dan esta otra acepción: DONDE.
* * *
"Qué es la convivencia" o "En qué consiste la convivencia". Cualquiera de estos dos titulares habrían reemplazado al errado "De qué se trata la convivencia" del artículo de la columnista María Leonor Velásquez Arango (LA PATRIA, 13/2/2013). La inflexión verbal ‘se trata’ es impersonal, a saber, es parte de una oración que carece de sujeto. Parece, además, que la autora ignora la diferencia que hay entre la conjunción adversativa ‘sino’ y la locución ‘si no’ (condicional y adverbio de negación), por la siguiente frase del mismo artículo: "Una de las principales sino la más importante función del Estado es la protección (…) del tejido social…". Castizamente, así: "Una de las principales, si no la más importante, función del Estado es…". La pronunciación es la culpable de estos tropezones. Finalmente, la siguiente muestra la incluyó entre el número de quienes le tienen terronera al dequeísmo: "…existiría la posibilidad que algunas de las lesiones sean causadas por la policía…". Correctamente, de este modo: "…existe la posibilidad DE QUE las lesiones hubieran sido causadas por la policía". ¡Cuánto bien le habría hecho un asesor de redacción! O mucho análisis gramatical y más borrador.
* * *
En francés, seguramente, escribió Pascal la siguiente sentencia, muy mal traducida por quien lo hizo: "Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que también ellos pudieron haberlos escrito" (LA PATRIA, "La frase", 14/3/2013). Ignora el traductor la existencia del adjetivo relativo ‘cuyo’, o desconoce la forma de usarlo, pues fue incapaz de construir la frase así: "…son aquellos cuyos lectores creen que…".
* * *
La VEINTITRÉS: Todos nos quejamos de su deplorable estado, pero nadie hace nada por remediarlo.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015