Efrain Castaño


Muchos pensarán que voy a hablar del deporte, pero no me refiero a ello cuando hablo de trabajo, sudor y gozo; tengo en cuenta mejor lo que dice el salmo: "al ir van llorando sembrando, al volver regresan cantando trayendo sus frutos".
La evangelización conlleva esta dialéctica o ritmo vital; no es una tarea fácil o pegada a la improvisación; requiere mucho de ver, escuchar, intentar, dialogar, orar y actuar; es una vida que apasiona por el desarrollo y el resultado.
El 12 de diciembre nos trae dos acontecimientos que dan firma a lo comentado; se da como probable fundación de la población de Santa María la Antigua del Darién en nuestra costa norte el año de 1509, si bien fue destruida y olvidada; allí pronto los evangelizadores levantaron la cruz como llamado al camino del mensaje eterno.
En 1531 y en otro sitio, entre el mundo azteca y el cerro del Tepeyac en México nació la narración que dio origen a la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América Latina.
Llamó la atención la imagen morena cercana a nuestras razas de la madre de Jesús; impactó el trato dado y la misión encomendada a un indígena, no a un alto dignatario real o de una tribu, no a un miembro del clero o clase connotada por cualquier título.
El pueblo de América se sintió llamado y representado para cumplir una gran misión entre los pueblos; ese doce de diciembre de 1531 el nombre de Jesús de Nazaret se hizo eco que aún se amplifica como fuerza de renovación, liberación y ascensión de todo pueblo.
Desde aquel entonces se forjó la fuerza creciente de América Latina que ante el mundo surgió como interlocutor; de tierra descubierta y conquistada pasó a ser protagonista de la marcha del mundo; esta raza latina se constituyó en población valerosa, inteligente, astuta, apta para trabajar, inventar, llenar de hermosura la tierra.
Ya se habla de algo que parecía imposible hace algunos años; los pueblos de América Latina como portadores de un poder de progreso, de fuerza política, de filosofía creciente, de economía en proceso, de espiritualidad dinámica más que intelectual.
América Latina sigue en medio de su trabajo, sudor y gozo avanzando en el panorama del mundo; donde hay un latino la vida no corre indiferente, los acontecimientos se cargan de fuerza, dinámica, valor y tenacidad.
La raza latina es pujante y vigorosa en parte gracias a su fe que consiste en recibir de María la Virgen y la Iglesia el acontecimiento renovador llamado Jesucristo.
Somos responsables de no dejar dañar nuestra raza en vicios, negaciones, injusticias o violencia ciegas. Adviento es tiempo de marcha.
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