Luis Prieto


Los cafeteros y todos los exportadores, están con el grito en el cielo por la caída de los precios del dólar, la moneda con que sus clientes pagan. Al hacer la conversión a pesos el ingreso se reduce a niveles, para ellos inaceptables.
Desgraciadamente para este sector de la economía, la actual situación cambiaria, perdurará por todo el tiempo que el país luzca atractivo a la inversión extranjera y a que los productos nacionales se vendan al exterior como por ejemplo el café. Estos dos hechos son los culpables principales de las angustias cafeteras y la de sus congéneres de la exportación. Una modificación posible no está a la vista.
Movimientos obstruccionistas a este cambio de dólares a pesos, para equiparar esta transacción a sus gustos, no está en la mente del gobierno ni en la de los miembros del Banco de la República, aunque es cierto que alguno de ellos quiere hacer algo, inspirándose en el Brasil. El Gobierno y el Banco temen reacciones adversas de los mercados internacionales, cuando se ha ganado tanto respeto. El afectar la libertad cambiaria por cualquier medio administrativo, para los mercados financieros externos constituye pecado mortal. Es perder una confianza lograda a lo largo de muchos años muy difícil de recuperar.
Resulta también que tanto el gobierno como la gran mayoría de los habitantes del país, al confrontarlos, prefieren mercados abiertos que le ofrecen una gran variedad de productos, todos sometidos a la dura batalla de la competencia, única manera de tener precios y calidades óptimos.
Colombia y su gobierno piensan que merced a una política de mercados abiertos, la producción nacional tenderá a ser competitiva y eficiente, para el mercado nacional y para la producción exportable. Por eso la actividad de los dos últimos gobiernos, ha sido persistente, para pactar tratados de libre comercio con la mayor parte de los países que tienen la misma vocación.
Un tratado como el que está ya prácticamente culminado con los Estados Unidos, es bien importante y pondrá a prueba las condiciones nacionales para enfrentarlo. Se supone que fue bien negociado, pero persisten muchas dudas de que ciertos sectores de la economía nacional, como el de la agricultura, podrán afectarse por la capacidad técnica y cuantitativa de los productos norteamericanos, sin que la producción nacional pueda competirle.
El objetivo de este artículo y de las consideraciones anteriores, es el de alertar, en el caso concreto que nos atañe, al sector cafetero, de que la revaluación hoy existente, persistirá por muchos años. Colombia está recibiendo mucha inversión extranjera, principalmente en todo aquello que tiene que ver con la energía, petróleo, sus derivados, carbón, etc. También en forma considerable compañías extranjeras están invirtiendo en la minería, como todo el mundo es consciente. Igualmente los fondos de inversión estadounidenses y algunos europeos, han estado presentes en la Bolsa de Bogotá invirtiendo en acciones colombianas.
Cuando el TLC con los Estados Unidos se inicie en forma, es lógico pensar que muchos productores del exterior, querrán asentarse en Colombia para vender a los Estados Unidos sin aranceles, allegando más ingresos externos.
La balanza comercial será superavitaria, reforzando el flujo de ingresos que redundará en una moneda dura. Toda la actividad nacional productora tendrá que ajustarse tecnológicamente para poder sobrevivir. Las producciones que no puedan lograrlo morirán.
Los productores de lo que fue el Eje Cafetero, hoy superado por lo que podría llamarse el eje Huilense, el mayor productor de café del país, está asediado permanentemente por enemigos naturales acompañada de otros insectos hasta ahora también invencibles. La roya principalmente los azota sin piedad. Cabe aquí mencionar la posición de la Federación Nacional de Cafeteros que critica a los productores de café por no pasarse a la variedad Colombia, que según ella, no tiene roya. Esta renuencia de los cafeteros del ex Eje Cafetero de no cambiar de variedad, sumada a la revaluación cambiaria, ha conducido a una deserción que tendrá consecuencias muy grandes. Sus tierras no tienen otro cultivo que equipare al café, hoy con precios extraordinarios y con una asociación gremial excelente, que compra y paga el café en forma inmediata. Pero sin café lo que vendrá será una pobreza irredimible para esta bella región del país.
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