Efrain Castaño


Ya se anuncia el servicio especial para que usted cuide su perro; podrá adaptarle al cuello una cinta con un pequeño reloj y el can estará bajo su control; sabrá dónde está, el nivel de la temperatura perruna, las pulsaciones, el estado de salud general; un control completo para su perro que le permitirá a usted mantenerlo en óptimas condiciones.
Desde que supo la noticia mi amigo está casi enloquecido: que cuánto vale, que dónde lo consigue, que si ya está en el mercado, con quién hay que hablar para encargar uno así sea hasta la Patagonia y en cuánto costo hay disponibilidad para invertir lo que esa para que el bienestar de su querido perro sea total, óptimo; el bello can debe saber por encima de todo que tiene un amo que lo quiere, lo cuida, lo mima, le da y dará todo el gusto que sea posible.
Está nervioso mi amigo y muestra cierta ansiedad; quiere ser el primero en lucir su perro con el anunciado "collar o reloj canino" por medio del cual su perro tendrá control total y él demostrará a todos que quiere y cuida su mascota porque ante todo él quiere ser el mejor amo del mundo.
Hasta aquí la historia me parece manejable y humana si bien un poco exagerada por el peligro de estrés para nuestro puntual amo; lo que no me parece bien y así se lo hice saber, es el desfalco afectivo, el desenfoque vital y moral que en su existencia hay; muchos podrán estar de acuerdo, otro no, pero la verdad en mi pensar hay un desenfoque vital en nuestro amigo que ojalá algún día ponga en cintura y organice su tinglado existencial.
Anoto por qué no estoy de acuerdo con su afán canino; en días pasados una llorosa y angustiada madre le buscó para hacerle saber que la niña de doce años que él engendró con ella en una aventura que no exime de la responsabilidad paterna había sido raptada por un hombre maduro que la había enamorado y ya hacía varios días estaba señalada como desaparecida por las autoridades.
En actitud irresponsable nuestro afectuoso y fiel amo de un afectuoso y fiel perro simplemente le contestó que hiciera lo posible por rescatarla que él en algo ayudaba si era necesario económicamente; pero la verdad este hombre ni conoce a su hija, nunca ha querido recibirla para verla y tomar el rol de papá; la abandonó desde su nacimiento, la ignoró, la dejó a la crianza de su madre, joven inexperta y muy pobre.
Así despidió a esta desesperada madre este afectuoso amo de un can que para él tiene más valor que su hija, la que lleva su sangre y lo desea no tanto por el dinero, pues ya está curtida de ser pobre ella, sino al menos para poder decir: "tengo un papá".
Este hombre es de la especie de hombres que abandonan sus hijos pero adquieren perros, gatos, carros y mujeres en colección rápida y frenética; son buenos reproductores como sus mascotas pero son pésimos papás aunque sean buenos amos.
Muchos están destruyendo el hogar y la familia con actitudes de preocupante irresponsabilidad que a la vez que hieren la familia, dejan en una soledad infinita sus hijos; increíble: dan lo que sea por hacer feliz a una mascota y niegan todo para hacer feliz a un hijo. Hombres al revés.
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