Jaime Alzate


Sin duda la noticia de esta semana referente al país es la quiebra de la firma de bolsa Interbolsa. Durante muchos años fue la compañía financiera más importante del sistema accionario nacional, manejando más del 35% de todo el movimiento bursátil del sistema económico. El país, después de la oleada de quiebras de los bancos y sus distintas entidades solidarias durante los años 70 y 80 había vuelto a respirar tranquilo, porque estaba convencido que los gobiernos de turno tenían bajo control a uno de los más importantes sectores que es el que maneja la tranquilidad o los remezones de toda la economía y sus relaciones con el mundo entero.
Pero todo este castillo de naipes está en grave peligro de derrumbarse otra vez, lo que minaría en forma gravísima la confianza que Colombia había irradiado durante un largo periodo, en tal forma que hemos sido el país para mostrar, después de los derrumbes económicos de países de inmensa importancia mundial, como Grecia y ahora España. Con solo decir que Barack Obama acaba de triunfar en su reelección para la Presidencia de EUA basándose en que encaminará todos sus esfuerzos para no dejarse arrastrar por los países europeos que tienen a su fuerte euro temblando cada vez que cierran duro una puerta.
Lo que más me asombra, ya que me tocó vivirlo en toda su extensión, es la ineptitud de los organismos de gobierno, comenzando por el mismo Ministerio de Hacienda, pues es inexplicable que con toda la burocracia dedicada a vigilancia a través de decenas de sus organismos de fiscalización, vuelva a pasar que solo den cuenta del desastre cuando ya no existe remedio. Se da como explicación la compra de los “repos” que hizo Interbolsa y de los cuales debía entregar $23 mil millones a los dueños de acciones depositadas en esta firma. Los grandes jefes, señores Jaramillo, necesariamente tenían que haberse dado cuenta que la empresa Fabricato estaba en graves problemas de toda clase desde hacia varios años, y sin embargo adquirieron acciones para entregarlas como garantía a sabiendas que el mercado no las estaba aceptando, y las pignoraron a sus clientes ganándose una utilidad sin darles, como es la obligación de un corredor de bolsa, informes sobre el riesgo que estaban corriendo.
Llegamos entonces a que nadie es responsable de nada, a menos que se tenga en cuenta que los dueños son los culpables y por lo tanto quienes deben responder penalmente por esta quiebra, porque ni siquiera los miembros de la junta directiva se habían enterado de lo que pasaba. Todo indica que hubo intenciones dolosas en las grandes cabezas ejecutivas de la organización. No se entiende tampoco para qué diablos tienen de fiscalizadoras a las autoridades del sector económico, si no se dan cuenta de algo tan sobresaliente.
Y lo peor es que al final todo queda en que los ahorradores que invirtieron sus dineros lo único que logran son declaraciones cínicas del gobierno, dándoles palmaditas en la espalda y diciéndoles que se tranquilicen que sus dineros están seguros. Como yo fui damnificado de algo parecido, puedo dar fe que desde hace más de cinco años estoy esperando que me devuelvan unos ahorros de mi trabajo que inocentemente invertí en algo parecido y también inocentemente se esfumaron.
Apuesto a que los dos meses que menciona el Ministro para dar una solución se alargarán hasta que a los perdedores se les vaya borrando naturalmente de la mente. Conclusión: si como todo indica hay tres responsables, pues que estos respondan, porque el prestigio que había ganado el país está tambaleando frente a los inversionistas extranjeros que con tanto esfuerzo habíamos logrado tuvieran confianza en Colombia.
P.D.: El perro tiene más amigos que el hombre, porque mueve más la cola que la lengua.
Todo este castillo de naipes está en grave peligro de derrumbarse otra vez, lo que minaría en forma gravísima la confianza que Colombia había irradiado durante un largo período de tiempo.
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