Jaime Alzate


El 20 de abril pasado escribí mi columna con el título de: Sin ser un adivino, en ella como ya se está volviendo costumbre, hice una nueva relación de acontecimientos que estaban sucediendo con nuestros vecinos venecos y su descaradamente ilegítimo gobierno chavista. En uno de sus apartes insistía en que la desaparición de Chávez con toda seguridad nos iba a traer más dolores de cabeza que beneficios, y que debíamos irnos preparando para enfrentar otra vez situaciones más difíciles que las que tuvimos que enfrentar cuando el presidente Uribe y el fallecido comandante se mostraban los colmillos.
Anotaba también que no era necesario ser adivino para predecir lo que estaba próximo a pasar en tierras de nuestros vecinos, pues realmente es muy claro el panorama oscuro que se les vino encima.
Entre otros comentarios, hacía énfasis en que la historia de los patriotas, cuando sus gobiernos entran en frecuentes crisis, las que se acentuaron durante el gobierno Chávez, y que no demoran en llegar a su punto más álgido con el inepto muñeco que los está terminando de desgobernar. Ya verán como muy pronto comienzan a inventarse conflictos con Colombia para desviar la atención de los ciudadanos, y poder llegar a extremos como cuando el coronel, en vivo y en directo, en una de sus más deschavetadas intervenciones por televisión, ordenó a su generalote ministro de Defensa, que situara diez batallones en nuestra frontera para invadirnos de inmediato. Todos nos acordamos que esta estúpida actuación, que lo único que nos produjo fue una profunda hilaridad, mezclada con una buena porción de burla.
Pero, pocos días han pasado para que nuevamente pasen a la historia los grandes abrazos del presidente Santos con sus nuevos, educados, y democráticos amigos. Desde el miércoles pasado nos está visitando el verdadero triunfador de las elecciones presidenciales, Henrique Capriles. Su llegada a Colombia, país este sí libre y soberano, ha ocasionado una estúpida reacción de los cabecillas del gobierno chavista, volviendo a presentar al mundo una imagen más ridícula de la que frecuentemente demostraba el desaparecido dictador. Ahora parece que nuestro gobierno y nuestras instituciones tienen que pedirle permiso al usurpador Maduro y al tenebroso Diosdado para recibir a quien nos dé la gana, y más si es el verdadero presidente de Venezuela.
Ojalá este incidente, de muchos que están por venir, le sirva a Santos para no andar entregándole poderes a caballeros de dudosa reputación, como lo hizo con las reuniones de paz que se están llevando a cabo en Cuba, y que en forma grosera Maduro fue lo primero que le sacó en cara, amenazando con retirar de la mesa al exministro Charton, quien es tal vez el más peligroso enemigo de Colombia. Si esto sucede, me parece que ya nos hemos salvado de semejante amenaza, esperamos que las negociaciones se aclaren para que sepamos de una vez por todas, qué tanta influencia tienen estos personajes en estas conversaciones, que hasta ahora mantienen grandes mantos de duda, y después de seis meses solo han mostrado un hilito de luz en medio de un horizonte muy oscuro.
También tenemos que esperar las reacciones de los países de Unasur, cuyos presidentes deben estar preparando maletas para ir a felicitar y respaldar a Maduro, quien en una clásica decisión hizo viajar de vuelta a sus diplomáticos, en lugar de gastar esos recursos en comprar papel higiénico para un pueblo que tanto lo necesita, porque ya no les cabe en el estómago todo lo que están comiendo, según las declaraciones del mismo gobierno.
Pues bien, en la tarde del jueves vimos en la televisión a un orangután, declarando que acusa a Colombia ante el mundo por estar preparando desde su territorio una conspiración para derrocar su espurio gobierno. Verdaderamente, tenemos que armarnos de paciencia ante esa manada de locos, que entre otras cosas, no necesitan sino de un leve empujoncito para volverse añicos.
¿Cómo la ve Dr Santos? Con todo respeto le solicitamos que por favor aproveche esta nueva desagradable oportunidad para, ahora sí, conseguir verdaderos nuevos amigos. Que la Madre Laura que ahora está de moda nos tenga de su mano y nos libre de las malas compañías. Amén.
P.D.: El otro día fui donde un siquiatra. Me pidió $500 mil por adelantado y yo le dije: doctor es mi problema el que vengo a resolver, no el suyo.
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