Efraim Osorio


Chipre está de moda por estas calendas. No la "fábrica de paisajes" de Manizales, sino la isla del Mediterráneo oriental, al sur de Asia Menor, por sus problemas económicos, que la UE está tratando de solucionar de alguna manera. En un editorial de El Tiempo leí lo siguiente: "El gobierno optó, incluso, por despojar a los ahorradores de sus depósitos…"; "…porque el parlamento se negó a castigar con la quita a los cuentahabientes…"; "Al final se llegó a un acuerdo: habría quitas para las cuentas de más de 100.000 euros". (27/3/2013). Según estas aparentemente muy claras afirmaciones, ‘quita’, en ellas, es la acción de ‘quitar’, a saber, "Tomar o coger algo ajeno, hurtar", en este caso, los ahorros de los desafortunados chipriotas. Y esto es lo que sugiere la información. Pero, y este es un pero mayúsculo, de acuerdo con los diccionarios, la ‘quita’ es otra cosa, si nos atenemos a su definición: "Der. Remisión o liberación que de la deuda o parte de ella hace el acreedor al deudor" (El Diccionario). "Perdón de una deuda por el acreedor", dice simplemente el de M. Moliner. Conclusión: O El Tiempo se equivocó en la escogencia del término ‘quita’, o yo no entendí absolutamente nada, fantasma de incomprensión de lectura que me asusta con no poca frecuencia.
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Y dele con el ‘femicidio’. En la sección "Al correr de las horas", de LA PATRIA (1/4/2013), se lee: "Siguen los femicidios". Y pocos días ha, en uno de sus artículos de El Tiempo, la señora Florence Thomas se ufanaba de haber introducido en nuestro lenguaje la palabra ‘feminicidio’. De las dos, valga la verdad y semánticamente hablando, está mejor construida esta última, aunque, también semánticamente considerada, no es la adecuada para el efecto, porque, en latín, ‘femina’ significa principalmente ‘hembra’, por oposición al ‘macho’. Y, así, las vacas, las mulas, las yeguas, las leonas y las gallinas son ‘féminas’. Por esto, les decía Cicerón a sus amigos: "Bestiae aliae mares, aliae feminae sunt" (Unos animales son machos; otros, hembras). Y sus vecinos a la cerda le decían ‘femina porcus’; y a la pata, ‘femina anas’. Además, la misma raíz del término latino ‘femina-ae’ (‘femin-‘) la tiene ‘femen-inis’, ‘muslo’. Por todas estas razones, y para darles gusto a las feministas que no admiten que la palabra ‘homicidio’ (muerte causada por una persona a un semejante, a un ser humano) las cobije a ellas, propuse hace mucho tiempo el término ‘muliericidio’, bien conformado (de ‘mulier-is = ‘mujer’, ‘mujer casada’, y ‘caedo’ = ‘matar’). Los romanos -y nosotros los imitamos- también le decían así, ‘mulier’ (‘mujercita’), al hombre cobarde, pero esto es otro cuento, como dicen los muchachos de hoy. A pesar de todo lo anterior, me parece que esos neologismos sobran, puesto que el ‘homicidio’ y el ‘asesinato’ son actos que se cometen contra seres humanos, hombres y mujeres, de cualquier raza, de cualquier religión, de cualquier tendencia política y de cualquier posición social.
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El columnista de El Tiempo, Mauricio Pombo, es un escritor castizo, peculiar algunas veces, pero castizo de todos modos. De cuando en cuando, no muy frecuentemente, se refiere a algunas corruptelas gramaticales y vicios en el lenguaje de los colombianos. Por esto, me pareció insólito leerle esto: "Luego, ya más tranquilo, le pido que me regale la dirección…" (2/4/2013). "¡Regáleme!". Esta ‘regaladera’ nos tiene en la inopia a todos: Luego de hacer una diligencia cualquiera, sale uno de la oficina correspondiente sin nombre, sin identidad, sin teléfono (no se escapan ni el celular ni el fijo), sin dirección, sin fecha de nacimiento, sin lugar de trabajo y sin familiares ni conocidos, porque todo esto lo ‘regalamos’, generalmente a desconocidos. ¿Por qué no nos comunicamos con propiedad?
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"-¿Y sí los llamaron? -No, quedamos ‘por fuera’". Es ésta una locución preposicional en la que sobra la preposición. "-No, quedamos fuera", es suficiente. Sin embargo, su uso está tan extendido, que, aunque la Academia aún no la contempla, debe aceptarse como legítima, porque la presencia de la preposición ‘por’, con una connotación de difícil definición, le da, por lo menos, más fuerza a la expresión. Hay que tener en cuenta, además, que dicha preposición es de las más oscuras de nuestro idioma, pues son muchas las expresiones en las que interviene, como digo, en algunos casos de peliaguda interpretación. El señor Rafael Antonio Zuluaga Villegas trae un ejemplo en el que sí es redundante: "Se encuentra por fuera del país" (LA PATRIA, "Por Semana Santa aplazan fallo de demanda contra Guido Echeverri", 21/3/2013). "Se encuentra fuera del país", expresa cabalmente lo que se quiere decir. En el titular de la nota glosada, la preposición ‘por’ podría significar dos cosas distintas: la primera, la pretendida, ‘a causa de’ o ‘por causa de’; la segunda, ‘durante’, por ejemplo, "estuvimos en Popayán por Semana Santa". Finalmente, la locución ‘por fuera’ puede significar también ‘exteriormente’ o ‘aparentemente’.
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La VEINTITRÉS: ¿Una campaña frustrada? Espero que no.
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