Fanny Bernal Orozco


Una tarde lluviosa me salí de la autopista hacia la caseta del peaje, estaba buscando a tientas, en mi cartera el dinero para pagar, cuando la mujer me sonrío y me dijo:
-El carro que pasó antes de usted, pagó su peaje.
Le dije que viajaba sola y le acerqué mi dinero. Ella contestó:
-Si el hombre me dijo que le dijera a la siguiente persona que pasara por mi caseta que le deseaba un hermoso día.
Ese acto de bondad me brindó de hecho un hermoso día. Me sentí muy conmovida por alguien que nunca conocería. Empecé a pensar cómo podría alegrar yo el día de alguien más.
Llamé a mi mejor amiga y le conté acerca de cómo mi peaje había sido pagado. Me dijo que nunca se le hubiera ocurrido hacer eso, pero que era una idea grandiosa. Ella va a la universidad y decidió que iba a pagar por la persona detrás de ella cada día en su camino a clase; me reí ante su respuesta.
-Crees que estoy bromeando dijo ella. Considero que es una acción simple a través de la cual se puede alegrar el día a alguien. Me quedé pensando y preguntándome si al hombre que me pagó a mí, le llegó a pasar por su cabeza, todo lo que podría generar su acto de bondad.
Tuve la oportunidad de extender mis actos de bondad al otro día en el supermercado, la mujer que estaba detrás de mí a pesar de que no llevaba el carro de compras tan lleno como el mío, estaba cargando un niño. Le dije: -¿Por qué no pasa usted primero que yo?
La mujer me miró como si yo tuviera tres brazos, me contestó: -Muchas gracias, no he visto a muchas personas ser consideradas con otras personas. Me agradeció de nuevo y salió corriendo de la tienda. Yo estaba pasmada, me di cuenta de que aún siendo gestos pequeños, éstos podían llegar a impactar a algunas personas. La cajera me dijo al pasar:
- ¿Sabe qué niña? Acaba de alegrar mí día. Salí sonriendo, preguntándome a cuántas personas había afectado con mi gesto de bondad.
Tomado del libro: “El poder de la Intención”, de Wayne W. Dyer.
Dicen por ahí que el cementerio está lleno de personas que en la vida tuvieron muchas y muy buenas intenciones, y hasta sueños maravillosos que jamás volvieron acción, y es que a las intenciones hay que ponerles voluntad, deseo, disciplina y hasta tiempo, más aún en los asuntos que están unidos a la bondad, la alegría o la felicidad.
Al leer esta historia se puede deducir que hacer felices a otras personas, o tener gestos con ellas que impliquen reconocimiento, no es difícil, más aún, es más simple de lo que se supone. Cabe preguntar: ¿Si estos gestos son simples y fáciles, qué será lo que pasa, que no son abundantes en la vida cotidiana?
Así mismo, me surgieron varios pensamientos y reflexiones, frente a la bondad y a la intención y al por qué; aparentemente parece que no existen muchos gestos de bondad con desconocidos:
-Quizás nos gusta mirar la cara de las personas que nos agradecen.
-Ser amable con desconocidos, no vale la pena, pues a la final nos quedamos sin saber cómo les pareció nuestro gesto, aparte de que no recibimos las gracias.
-Nuestro ego necesita alimentarse con las frases de los otros.
-Tal vez necesitamos oír que somos personas bondadosas y eso nos hace sentir importantes.
-A lo mejor, creemos, que la bondad es un trueque, hace parte de un juego emocional, yo doy, ¿tú qué das?…y nos sentamos a esperar o a recibir.
En esta historia se evidencia la bondad como un gesto que genera doble respuesta emocional: una es la alegría de quien asume la actitud bondadosa y otra la que vive a través de la sorpresa, quien lo recibe y se alegra con él. Esta manera de afectar con alegría a los demás es también una maravillosa forma de sembrar paz en los corazones de los seres humanos.
En estos días que vienen de Semana Santa, época en la que se retoma el tema de los valores, que bueno tener la intención y asumir la acción bondadosa tanto con los que viven en nuestro alrededor, como con personas desconocidas. ¿Qué tal si empieza hoy? “!Les deseo un buen día¡”.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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