Luis Prieto


Las encuestas están atormentando al presidente hasta el grado de la desesperación. Todos los índices le son adversos. Un comportamiento de su gestión, tan descalificado que su natural mediático no lo puede resistir. Las apreciaciones sobre el proceso de paz, insignia de su gobierno, no pueden ser más malas. La incertidumbre y desconfianza de lo que se está negociando en La Habana es total.
Así, el país en la rodada, y una fecha fatídica y veloz para las elecciones donde se juega su reelección, le producen un nerviosismo incontenible. Por eso las propuestas, todas apuntando a una reforma de la constitución a su favor, para mantener su presencia durante todo el proceso de las conversaciones pro paz con la guerrilla, provocaron un rechazo popular tan fuerte y unánime, que lo obligaron a retirarlas inmediatamente. Un fracaso humillante.
El estado anímico del presidente debe estar por el suelo. Por eso parece entregado al senador Barreras adulón de siete suelas, que lo lleva y lo trae y lo obliga a reuniones inadecuadas para la altura del presidente.
Lástima que esto esté sucediendo y que por consiguiente la reelección presidencial en el día de hoy, se encuentre en entredicho. Colombia necesita un presidente carismático, fuerte y claro. La estructura económica del país, es débil y afronta un evidente declive. Su sector industrial, otrora promisorio, hoy agónico. La minería de metales como el oro, pasmada por medidas oficiales, ya no nutre las exportaciones. La agricultura pendiente de la suerte que le decreten las conversaciones de Cuba.
Este presidente indudablemente es Santos, a pesar de la racha que afronta.
Esta suerte agrícola preocupa mucho. Las tierras agrícolas colombianas no son muchas ni generosas, pero suficientes para declararlas como un activo que puede marcar una vanguardia productora del país.
En un futuro muy próximo las batallas internacionales serán por la comida. El país que tiene tierras agrícolas, que las cuide. Un uso inteligente de las tierras agrícolas, podrá conducir a una bonanza nacional indefinida. Colombia está obligada dentro de este contexto, a una reforestación de envergadura, que compense con creces los crímenes cometidos por los taladores de bosques, merecedores de condena perpetua.
Esos bosques son los proveedores del agua que necesita la tierra, para germinar la vida agrícola, salvaguardia de nuestro futuro. Las conversaciones llamadas de paz, quién sabe qué trato le están dando a la tierra agrícola. Ya esta superficie territorial, ha sido cercenada por la entrega de miles de hectáreas a las comunidades indígenas, sacadas por lo tanto de la producción. Adicionalmente el gobierno se ha inventado las sociedades agrícolas autónomas, pequeños fondos que lo primario de su explotación las margina de la de la vida activa. Cuánto más de estas republiquetas, apelativo del ministro de Agricultura, estará exigiendo la indolencia guerrillera, en La Habana comunista.
Cuando se habla de la tarea agrícola como redención económica de los países bendecidos con este bien, se entiende una explotación técnica y mecanizada, para lograr altos rendimientos. Tierra conservada y permanentemente abonada, con los fertilizantes más pertinentes.
Se requieren extensiones grandes para justificar los altos costos. No hace mucho los colombianos descubrieron que la tierra de los Llanos orientales, desdeñada desde siempre, por ser una tierra dura, amarilla, ladrillada e inservible, hoy es algo excelente.
Esto fue gracias a los brasileños. El zar mundial de la soya visitó a Colombia hace unos años, y naturalmente los Llanos colombianos, buscando tierra porque en el Brasil empezaba escasear. Sorprendido al ver todas estas llanuras ociosas, dijo en entrevista por radio que los colombianos eran o muy ricos o ignorantes, al tener esas tierras desocupadas.
Esta visita dio origen a que los brasileños empezaran a venir, a comprar tierras llaneras, a sembrarlas con maquinaria adecuada, la misma usada en Brasil en suelos parecidos y en compañía de colombianos convertidos, logrando éxitos a la vista. La llegada de más empresarios se ha restringido, por problemas de titularización de todos esos predios.
Ojalá el señor De la Calle conociera y apreciara todos estos intríngulis y defendiera con garra las llaneras orientales, de las apetencias guerrilleras.
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