Efrain Castaño


El ser humano es sujeto del dolor; nadie escapa al dolor físico, moral o espiritual; debemos reconocer que gran parte de la felicidad depende de la manera como cada uno asume y supera el inevitable dolor que algún día llega a la existencia.
Desde las primeras épocas de la humanidad se buscaba una manera o varias que permitieran superar y dominar el dolor físico; desde la más pequeña curación hasta la más grande operación sobre el cuerpo humano arrancaba gritos de dolor al paciente en cada ocasión y se veía el reto aún no superado; cómo hacer para poder intervenir en el cuerpo humano de tal manera que el dolor físico no fuese tan intenso, en carne viva, sin atenuante alguno.
La experiencia científica empezó a encontrar algunas plantas que por aplicación de sus hojas sobre el cuerpo o elaborando líquidos con ellas eran aplicadas sobre la herida o tomadas adormecían al individuo; poco a poco se avanzaba en el encuentro de un elemento que sirviera para adormecer la parte dolorosa o hacer dormir en profundo sueño al paciente; ¿sería posible esta proeza, llegaría el día de semejante hallazgo?
Muchos médicos y científicos buscaron durante siglos y años el elemento esperado; lograron disminuir el dolor pero no aplicarlo, disminuir la intensidad pero no vencerla.
Pero hace hoy 167 años se dio el paso tan esperado y ansiado. La primera operación quirúrgica con anestesia general y óptimo resultado que conoció el mundo se llevó a efecto el 16 de octubre de 1846.
La operación fue programada; el paciente llamado Gilberto Abbott se sometió a asumir el resultado de esa intervención sobre su cuerpo; se trataba de la extirpación de un tumor congénito al lado derecho del maxilar; el cirujano fue el doctor John Collins Warren y el anestesista fue el doctor William Morton.
Fue un éxito, al volver en sí en perfectas condiciones mentales Gilberto constató no haber sentido ningún dolor durante todo el proceso que duró el acto médico; la anestesia había sido ensayada con éxito aquel inolvidable día.
Hoy es una ocasión para agradecer a quienes dedican parte de su profesión médica al difícil pero sabio manejo de la anestesia en una operación practicada; es día del anestesiólogo, benefactor indiscutible de la humanidad porque gracias a sus conocimientos es posible entrar al sueño profundo anestésico.
Gracias sean dadas a Dios que da tal poder al ser humano que lograr descubrir cada día tantas maravillas encerradas en la naturaleza creada como joyero que contiene inmensos tesoros.
Gratitud con nuestros anestesiólogo; gracias a su ciencia y cuidado es posible que una operación por delicada o larga que sea llegue a un final exitoso y no tan doloroso como si se hiciera en carne viva, a dolor abierto.
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