Efrain Castaño


El ritmo de la vida recorre como un tobogán de sorpresas que se van desgranando de noche y día formando la historia de la existencia personal y social; quien sabe vivir bien el día y la noche, quien logra comprender el avanzar entre luz y oscuridad, entre trabajo y descanso, ese aprendió a vivir.
Hay personas que saben conducir las horas del día pero las de la noche se les convierten en pesadilla y viceversa; hoy quiero hacer referencia a la noche en la cual y desde la cual suceden miles de accidentes, locuras y sinsabores.
La noche siempre ha traído para el ser humano horas y recuerdos; la canción trae una historia de vida noctámbula con sus luces y sombras; hasta recordar el bello villancico de Gruber: “noche de Paz” que canta la gesta hermosa de la Encarnación del Amor en la historia; “la noche” de Adamo invita al misterio de las sombras; “noche de ronda” de Agustín Lara se une al vals “noche triste” y al fox “noches de Hungría” para cantar los sucesos de una noche.
“Noche triste” se une a “noche de Agua de Dios” de Carlos Vieco para hacer notar la oscuridad de la desgracia; Echavarría en “noches de Cartagena” hace poesía a la hora nocturna; en “la noche de mi mal” Alfredo Jiménez nos remite a la vida nocturna de ingratos recuerdos como para muchos colombianos hoy.
Algo parecido sucede con nuestros noticieros de radio y televisión; una larga lista de hechos casi todos desastrosos sucedidos en la noche: robos, delincuencia, tragedias grupales como la dolorosa de Colmenares, accidentes de carros y motos que en alta velocidad y subido alicoramiento terminan en riñas, muertes, destrozos, gritos lastimeros.
La noche se ha convertido en un vientre desde el cual brota vida o muerte, esta en mayor cantidad y mortandad; el mal manejo de la noche con la amanecida que capta personas borrachas, drogadas, fuera de sí, enloquecidas, cansadas, desorbitadas, incontroladas e incontrolables; la noche se ha convertido en río de tragedia colombiana; no somos capaces en definitiva de manejar la noche, hemos quebrado el ritmo que desde Dios tiene la existencia del mundo y del hombre; día y noche, luz y oscuridad con ritmo de labor y descanso, gasto y reparación, actividad y descanso.
Casos como el de Colmenares siguen sin solución buscando culpables que son difíciles de encontrar porque una noche de fiesta con licor a bordo puede terminar en desafueros donde ocurren cosas impensables como muertes dolorosas brotadas de estados de excitación fuera de borda por mal uso del licor y otros medios de moda.
Parece que no queremos aprender que la vida tiene un bello y equilibrado ritmo y que romperlo nunca tiene buenas consecuencias; es necesario el descanso pero debe estar en los límites de lo racional sin llegar al desgaste exagerado del aguante corporal y síquico.
Mientras no tengamos una cultura de la noche y del descanso, seguiremos viendo tragedias, muertes y dolorosas pérdidas.
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