Jaime Alzate


Nuevas y drásticas medidas para terminar con las actividades de los terroristas que se han intensificado en diversas ciudades, anunció el Ministro de Gobierno. Expuso que el Gobierno no tolerará la prolongación de las actividades de los enemigos del orden y sin precisar detalles de las disposiciones que se propone adoptar, adelantó que estas habían sido estudiadas en una reunión con los comandantes del Ejército y la Policía, el ministro de Guerra y otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas. Además dijo que presentará al Congreso un proyecto de ley tendiente a dotar a las autoridades de mayores medios de prevención y represión de las actividades terroristas. En este decreto, según trascendió, figuran modificaciones al Decreto 0614 sobre estados antisociales para una rápida aplicación de sus disposiciones a los terroristas.
Esta noticia nos llena de tranquilidad, porque su significado es que ahora sí, por fin, después de tantos años de sangriento terrorismo, el gobierno se va a amarrar los pantalones para enfrentarse a las pandillas de asesinos que azotan las ciudades y los campos de nuestra dolida patria.
El único inconveniente que tienen todas estas buenas intenciones es que, como ya lo habrán notado los lectores, estas medidas fueron tomadas el 10 de julio de 1963, es decir hace la pendejadita de 50 años, y así fueron informadas por LA PATRIA.
Dando un vistazo a vuelo de pájaro podemos parodiar el famoso tango de Gardel: "Que cincuenta años no es nada..." porque lo que hemos vivido durante la mitad de la historia moderna de Colombia ha estado rodeado de una violencia cruel, dirigida por los seguidores del primer y más sanguinario guerrillero, Tirofijo, cuya maldad ha sobrepasado los límites del tiempo a través de la herencia de sangre que fue dejando en los caminos de nuestra historia. Es decir que el mundo colombiano, en más de medio siglo, no se ha movido un centímetro en este penoso asunto.
Y hoy, en pleno siglo XXl, cuando después del gobierno Uribe pensamos que íbamos a salir del pantano, tenemos que repetirle al presidente Santos algo de lo que él, finalmente, se está dando cuenta, y es que estamos perdiendo las esperanzas de que a pesar de sus esfuerzos, que le reconoce el país, su estrategia de paz está cayendo en un pozo sin fondo. Nos estamos enfrentando a una manada de bandidos que, en medio de una bárbara terquedad, parece que no se dieran cuenta del repudio que les tenemos los colombianos. Pero sobre todo, de que por primera vez el país está unido solidariamente, y está próximo a llegar el día cuando todos en una verdadera comunidad con sentimiento de patria, exijamos al Gobierno, y con él al Congreso, que se acaben las leguleyadas y los falsos derechos humanos que solo nos obligan a nosotros, y de una vez por todas repitamos las actuaciones valientes y decididas del doctor Uribe y volvamos a meter en sus madrigueras a las ratas asesinas. Que no molesten más las Teodoras y los Vivancos de la HRW y todo su séquito de hipócritas, y que se den cuenta de que si ellos pueden cometer toda clase de arbitrariedades, los colombianos estamos hartos de eso y teniendo de nuestro lado a las fuerzas armadas que en este momento se sienten pordebajeadas por los rastreros ataques de tantos mamertos, nos levantemos de una vez y nos enfrentemos a ellos, para alcanzar a conocer antes de morirnos lo que es vivir en paz.
Y por favor, que el corrupto y politizado poder judicial cese hacer tanto daño a un pueblo, dejando sin defensas a su glorioso Ejército para dar satisfacciones a los enemigos de Colombia, que deben estar reventados de la risa de ver el circo de nuestros "sabios" dirigentes.
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