Efrain Castaño


Mi ignorancia en casi todos los temas es enorme y por ello afirmo que hay cosas que no entiendo y cuya respuesta parece ser fácil pero a la hora de los resultados salen de la lógica.
No entiendo por ejemplo cómo al adquirir un servicio de televisión por cable de los muchos que ofrecen, al usar los canales del paquete numerado aparece la realidad de que casi la mitad de esos canales salen con avisos de que hay que introducir una tarjeta extra, o llamar a algún sitio o pagar dinero extra para el servicio.
Me parece que no hay claridad en los contratos o hay falta de responsabilidad en la prestación de los servicios citados porque se supone que si ofrecen 500 canales diferentes voy a poder usarlos con la seguridad de un buen servicio; repito que no entiendo en sana lógica la falta de claridad al respecto.
No entiendo tampoco cómo en el manejo de la cultura colombiana se omita la enseñanza de nuestra historia con todos sus valores positivos, su arte, música, costumbres todo ello de una riqueza inmensa y que serviría para el aprecio a nuestra Nación y el gusto de ser colombianos más allá de un gol; tenemos muchos motivos para sentirnos felices de ser colombianos pero poco se inculcan en nuestros estudiantes.
Menos entiendo lo que pasa con nuestros niños y jóvenes; siempre escuché que grandes potencias deportivas del mundo lo eran porque educaban a sus jóvenes estudiantes desde sus aulas en la importancia del ejercicio físico y facilitan el acceso a las disciplinas como atletismo y arte.
Creo que a ninguno le ha quedado un sabor agradable al terminar los juegos deportivos nacionales y constatar que nuestro Departamento ocupó un sitial no muy honroso en este certamen nacional semillero para celebraciones internacionales.
Las ciudades universitarias (y la nuestra es una de ellas) tienen un fuerte caudal para el deporte en ramas como atletismo, competencias de equipo, debido a la presencia de estudiantes que son jóvenes en la edad precisa para llegar al desarrollo deportivo.
En qué gastan nuestros jóvenes el tiempo libre y los fines de semana que pudieran ser para la práctica de deportes de alta competición y tener así con qué responder a las convocatorias de competición.
¿Será que no nos mueve a tomar acciones al respecto el constatar que nuestro departamento es uno de los más altos consumidores de licor y droga alucinógena en el país?; no nos duele tener el pobre resultado en los juegos deportivos nacionales y si el puesto altísimo en consumo de droga de todo calibre; duele decirlo: somos un centro de altísimo consumo de estas nefastas drogas. Hagamos algo.
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