Efrain Castaño


Eloi Leclerc, escritor de reflexión y honduras de la vida, pasó por una fuerte prueba al ser privado un día de la libertad, desposeído de la bondad de una bella familia y tratado con tortura y desprecio.
Después de una feliz vida juvenil experimentó lo que él llamó una auténtica bajada a los infiernos entre decenas de miles de seres humanos hacinados, maltratados con crueldad, entrando a un estado de angustia y abandono hasta casi la desesperación al sentir el silencio y la ausencia de Dios que pusieron nube oscura en sus relaciones.
"Por más que levanté los ojos al cielo, dice, el cielo no respondía, no parecía prestar atención a lo que estaba ocurriendo, los gritos no tenían respuesta. Desde entonces una serie de graves interrogantes no han dejado de atormentarme y de acosarme".
Dejemos que nos siga narrando: "esta traumática experiencia significó para mí el punto de partida de un larguísimo camino. Ya no podía contestarme con la fe heredada; ahora tocaba peregrinar por el desierto y la oscuridad; sigue teniendo sentido el Evangelio?; volví a leer los evangelios a la siniestra luz de los hornos crematorios".
"Al releer los evangelios me impresionó el hecho de que el hombre que anuncia al mundo la ternura del Padre por la humanidad es también el que conoció la más torturante experiencia del abandono y de ausencia del Padre; y la vivió cumpliendo su misión hasta el final".
"Mediante su propio abandono en la cruz, hizo presente el absoluto de Dios en nuestros infiernos humanos; la revelación de Dios en Jesús no se hizo fuera, sino en el centro mismo de la condición humana más abandonada; el lugar del abandono y de la ausencia se ha convertido en la nueva zarza ardiente".
Desde el incómodo momento de un desposeído de todo derecho, humillado en lo profundo de su ser, maltratado y ofendido, desde allí surge la luz para dar un nuevo paso vital, como estrella de Belén que conduce hasta el pesebre donde el amor se hace alcanzable y cercano.
Navidad no es pues la fiesta para llenarnos de cosas y regalos, quedar ahítos con comilonas y bebetas exageradas, llenar el ámbito con música en alto volumen y a veces con contenidos grotescos, vulgares, de muy bajo perfil. Navidad es fiesta para nacer, para crecer en la fe que se hace seguimiento del Salvador, para compartir con el más necesitado como Jesús compartió nuestra misma carne y sufrimientos como infección del mal.
Navidad es iluminar el caminar terreno con las huellas divinas que dejó impresas en los senderos humanos Jesús de Nazareth con el sello del gozo y el amor universal. Feliz auténtica Navidad.
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