Efraim Osorio


Irritado se encontraba Juan Gossaín por la pérdida de unos mercados en la Costa y, con ellos, sueros y medicamentos que les habrían salvado la vida a dos niños que no fueron atendidos oportunamente. Buscaba, entonces, una palabra que calificase a los responsables de tales desgracias. "Hasta que la encontré ahí -escribió para El Tiempo el 29 de diciembre de 2011- en las páginas del propio Cervantes. Cuando aquellos truhanes de una hospedería del camino lo molieron a palos, Don Quijote salió del lugar lanzándoles todos los improperios que se merecían: bribones, sinvergüenzas, granujas, perversos, malignos, villanos. No contento con ello, subió a su caballo sarnoso y, antes de volver grupas para marcharse, se asomó por la ventana de la posada, llenó de ira los pulmones, abrió la boca hasta donde pudo, y con toda la fuerza de su alma les gritó: -¡Hideputas!". Estaba irritado don Juan. Quizás a esto se deban las imprecisiones de la parrafada. ‘Alevosos, traidores, cobardes, follones, mal nacidos, malandrines, bellacos, majaderos, endiablados, descomunales, fementidos, belitres, mentecatos, sandios, malaventurados, malditos, socarrones’ son algunos de los epítetos que usa don Quijote, como estos que les dirige a los molinos de viento, que él confunde con gigantes: "Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete" (I, VIII). Y con su escudero se desfoga así: "-¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de la naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!" (I, XLVI). Desenjalmada tal del Caballero de la Triste Figura la provocó Sancho, que había dicho delante de Dorotea (la ‘princesa Micomicona’, del reino de Micomicón, de Etiopía) estas palabras: "(…) No hay que darme priesa a que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece el palafrén, pues será mejor que nos estemos quedos, y que cada puta hile, y comamos" (Ibídem). Vocablo que ya le había dicho el ventero a Maritornes en el capítulo XVI de la primera parte de la inmortal novela. De todos los epítetos que menciona el señor Gossaín, sólo acierta con ‘villanos’ y ‘truhanes’. Los otros, me atrevo a afirmarlo, casi, casi, casi sin lugar a dudas, no salieron de la boca de don Quijote de la Mancha.
A Cervantes le faltó el episodio que narra el escritor, y que aún circula por la Internet para desinformación de quienes lo leen. En efecto, ni don Quijote ni
Sancho Panza emplearon la palabrota esa en plural, siempre en singular y acompañada un par de veces de ‘puto-a’. Además, don Quijote nunca "volvió grupas" para soltársela a sus enemigos, a quienes siempre se dirigió de frente, antes de entrar en batalla o de retarlos a que se midieran con su ‘fuerte brazo’. Más aún, don Quijote echó mano de ese latigazo fonético únicamente en dos oportunidades, la primera, dedicada al pobre Sancho, quien se atrevió a demeritar la belleza de Dulcinea comparada con la de Dorotea (I, XXX); la segunda, dirigida a la progenitora del Cabrero (en una forma muy española), porque éste dijo, refiriéndose a don Quijote, que "este gentil hombre debe tener vacíos los aposentos de la cabeza" (I, LII). En cambio, a Sancho se le oía con más frecuencia. La primera vez fue cuando, en forma de interjección de asombro, y alabando las cualidades de Aldonza Lorenzo (la Dulcinea de don Quijote), exclama: "¡Oh, hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz!" (I, XXV). Así la repite Sancho para alabar un vino (II, XIII), y para mostrar su extrañeza por la negativa de don Quijote a doblegarse ante los requiebros de Altisidora (II, LVIII). También en I, XXXVII; en II, X; y en II, XXI. En II, XLVII, de Sancho gobernador al labrador, natural de Miguelturra. Como víctima, Sancho la recibe de la doña Rodríguez (II, XXXI). Y queda una, la última, del Caballero del Bosque, quien, luego de escuchar a Sancho describir a su hija Sanchica, "fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un ganapán", exclama: "Partes son esas, no sólo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe tener la bellaca!". Ante los reclamos de Sancho, que le pide hablar más comedidamente, el del Bosque le responde: "¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced de achaques de alabanzas, señor escudero! ¿Cómo? ¿Y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza (…) suele decir el vulgo: "¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!"…? Y aquello que parece vituperio en aquel lance, es alabanza notable" (II, XIII). Nota: ‘Rejo’, en los dos pasajes, significa ‘vigor’.
Finalmente: Rocinante era sólo piel y huesos ("tantum pellis et ossa fuit" -I, I), pero no sarnoso. Y éste, don Juan, es el cuento completico. Casi.
*"Latigazo fonético" es un eufemismo por ‘palabrota, taco, ajo’ del escritor Luis Lalinde Botero, autor del Diccionario Jilosófico del Paisa.
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Corrección: Gonzalo Agudelo Castañeda es el nombre del jardinero del Seminario Mayor, no Gonzalo Castaño, como lo bautizamos Papel Salmón y yo en los respectivos escritos (3,12/3/2013).
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