Yohir Akerman


Confuso. Ese es el sabor que quedó después de la primera fase de las negociaciones con las Farc. Por un lado, se vieron a unos representantes del gobierno, fuertes y tajantes en lo que están dispuestos a negociar. Pero por el otro, se escucharon unas declaraciones de los representantes de las Farc tan alejadas de la realidad, que hacen entender que esto puede desmontarse en cualquier momento. Una cachetada de realidad.
Las Farc están yendo a la mesa con actitud de quien está ganando la guerra. Equivocado. Y en eso toca ser claros: nadie está ganando la guerra. Hay batallas que son victorias para unos y otras que son celebraciones para los otros. Aunque en el balance general se puede decir que las Farc están debilitadas y disminuidas, no se puede asegurar que están acabadas ni que nunca lo han estado. Eso es una premisa importante que tanto la sociedad, como los guerrilleros tienen que entender para que este proceso siga su curso a buen puerto.
La prepotencia equivocada de las Farc, su tono desafiante en los micrófonos, sus palabras quedadas en el tiempo y, peor aún, su necesidad de creer y hacerle creer a su audiencia que cambiaron la historia de la pobreza y de las clases sociales en Colombia con su lucha, son grandes riesgos para poder tener un diálogo.
Está demostrado que la desigualdad no se cambia o soluciona por medio de las armas. Se empeora. Cada ataque de la guerrilla a poblaciones indefensas agrava sus condiciones sociales de salud, educación y vida. Sus ejércitos plagados de niños para defender sus cultivos ilegales de droga, solo acaban con el futuro de esas juventudes. Tratar de convencer a alguien de lo opuesto es un despropósito.
Y en eso es importante que la guerrilla exprese sus preocupaciones, y sus elementos para negociar. Pero de una manera sincera, no disfrazando su discurso en una justificación de querer representar al pueblo.
Sería menos descarado que Iván Márquez se siente a negociar cómo los líderes de las Farc van a proteger sus dineros ilegales ante un posible desarme, cuáles son las garantías de las amnistías judiciales después del proceso o las formas para asegurar sus posibilidades de participación política. Por lo menos sabríamos qué es lo que quieren de verdad.
Pero este show en el que se declaran que no son guerreristas como algunos pretenden señalarlos, que vienen con banderas de cambio y de transformación representando la sociedad, y que la lucha por los territorios de los campesinos está en el centro de su ideología, es un intento de mentirle a Colombia, con los micrófonos de la comunidad internacional como megáfono.
Seamos claros señor Iván Márquez: ustedes no representan a la sociedad colombiana. Ustedes hablan únicamente por su propio ombligo. Ya que durante más de 40 años ahí es donde han centrado la mirada usted y todos los otros que han liderado las Farc. Por consiguiente no se han dado cuenta que el entorno cambió y que la sociedad de hoy, es otra. Y el problema más grave para ustedes y para este proceso, es que esa sociedad, como el gobierno, no les cree.
Hay que seguir adelante con este esfuerzo. Lastimosamente, la paz con la guerrilla es el escenario menos malo. Pero para poder hacer eso hay que a sincerar las palabras. Como se determinó, el desarrollo agrario será el primer tema de discusión, que tendrá lugar el próximo 15 de noviembre en La Habana y así mismo, se confirmó que el 5 de noviembre habrá una reunión preparatoria para discutir este primer punto de la agenda.
Para esto por favor vayan defendiendo sus intereses. Nada más. No intenten defender los de una sociedad que no representan. Y por eso mismo dejen de intentar que se replantee el modelo económico, la doctrina militar o la inversión extranjera, ya que nada de eso está en discusión.
Limiten la mesa a sus intereses y a hacer esto funcionar. Una vez por fuera del conflicto, si es que pasa, midan sus ideas y propuestas desde el único estadio que ha demostrado funcionar pese a todas sus deficiencias: la democracia. Y desde ahí, frente a las urnas, la sociedad establecerá si se deja representar por ustedes. No como lo han intentado durante toda esta lamentable historia por medio de las armas, que ha fracasado en grande. Si no se han dado cuenta, ustedes son el resultado claro de ese fracaso.
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