Luis Prieto


Tener a la mano universidades, con sus rectores, profesores y alumnos, como es el caso de Manizales, es una suerte excepcional. Su sola presencia dignifica y valoriza la ciudad en todo su entorno.
La capital de Caldas siempre ha tenido espíritu para la ilustración desde que fue fundada. Sus universidades han graduado muchos alumnos que se han esparcido por todo el territorio nacional con éxito, honran sus claustros, cuyo prestigio igualmente se reconoce en todos los ámbitos de la educación.
Esto es casi único en este campo. Único porque pocas son las poblaciones de tamaño reducido, con tantas universidades, como las que exhibe esta ilustre ciudad.
Tener tantos centros de educación universitaria constituye el mayor activo que tiene Manizales. Por encima de todos los campos de su actividad. Uno muchas veces se pregunta si esta ciudad de tantos afectos, es consciente de este tesoro que muchas envidian.
Quién sabe. Manizales con tanto contenido intelectual y cultural debería ocupar un nivel mucho más alto en el escalafón nacional. Cuando uno penetra a fondo en este tema, encuentra una respuesta agridulce. Quizás no se aprecia suficientemente el gran valor representado en sus universidades.
Una queja generalizada acusa que una gran mayoría de egresados con todas las medallas luciendo en su pecho, tienen que emigrar a centros de más calado como Bogotá, Medellín, Barranquilla, o peor a localidades cercanas, que se surten con profesionales de Manizales, para el complemento de su desarrollo.
Este desangre profesional no es congruente con el anhelo que dicen tener las gentes de esta capital departamental, que añoran lo que cuentan sus mayores de lo que fue su ciudad, en varios momentos de su pasado.
En otros lares, el mundo industrial siempre quiere tener una o dos universidades en su cercanía. Los grandes avances, obligados por una dura competencia solo son posibles por la combinación de empresa y universidad.
Desde otro punto de vista, este panorama no es tan oscuro. La tecnología, producto universitario, ha salido a la luz con todas sus togas. La ciudad, gracias a empresas extranjeras ha sido seleccionada para la organización de "call centers", un primer paso tecnológico que está exigiendo un personal cada vez más preparado y de diverso conocimiento de idiomas. Gracias a esta oportuna exigencia, el campo de la tecnología en Manizales se abre promisoriamente.
Además, según informaciones, algunos centros de producción han empezado a honrar las ofertas de las rectorías universitarias para admitir, inicialmente como pasantes, a estudiantes ya con mejor distinción y tratados con el respeto debido. Otro pequeño paso que puede conducir fácilmente a una vinculación integral, al término de sus estudios académicos.
El entorno de los universitarios conoce muy poco del espíritu de asociación y es dudoso que este sentimiento fundamental sea una materia de estudio con la importancia que merecen los alumnos. Es tan fundamental que supera muchos otros cursos del pensum oficial.
En la vida profesional y en la sociedad el espíritu de asociación es esencial. Cuando uno termina estudios universitarios y casi más de dos posgrados, condición hoy día más que ineludible, y sale a la calle por primera vez, angustiado empieza a enviar hojas de vida a diestra y siniestra, esperando la posibilidad de un puesto de trabajo, donde puedan apreciar sus credenciales.
Cuando se tiene el espíritu de asociación las cosas son diferentes. No es interesante el encierro como empleado obediente y obsecuente, que marchita el vigor y la fuerza de quien persigue la independencia y la creación.
Cuando los casi imberbes profesionales se asocien, es distinto. Es la suma de la identificación de su destino. Es la suma en los primeros pasos de un ejercicio profesional independiente y también la suma ya grandota del éxito total. La asociación puede hacer milagros identificando posibilidades y decidiendo aventuras. En nuestro caso existe en el haber algo maravilloso como es la juventud, a cuyos pies caen rendidas todas las fuerzas negativas. En un país como Colombia, todos los negocios y empresas salen adelante, si se tiene a su favor la asociación y la persistencia.
Esta falencia propia de Manizales hay que derrotarla. De lo contrario se produce el estancamiento.
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