Efrain Castaño


La reunión de amigos y vecinos en aquella sala familiar había comenzado hablando de la necesidad de unirse, de ayudarse, de estar vigilantes para evitar el peligro en los hijos más pequeños; se habló de alarma colectiva en la esquina del barrio, de pedir un CAI, de convertirse en grupo de oración por la lectura bíblica, de ejecutar obra en bien de los más necesitados de la vecindad.
Era cordial la reunión y se hizo realidad lo que anota el Salmo de la santa Escritura: "qué bueno es estar unidos los hermanos"; una taza de café para compartir fue brindada por la generosa anfitriona sonriente y amable; estaba tan interesante el encuentro que nadie se acordó de prender la televisión.
Uno de los asistentes anotaba en su agenda algunas de las cosas que se decían porque aspiraban todos a formar unidad, a estar cercanos, a llegar a ser barrio modelo. En algún momento comentó que en su agenda, que llevaba en cada página alguna frase de pensadores célebres, había encontrado una del gran sabio Leonardo Da Vinci que podía servir para el momento en que compartían, la leyó: "los obstáculos no pueden aplastarme: cada obstáculo proporciona una resolución firme"; todos opinaron un poco sobre la frase y la conversación se hizo amena e iluminadora en aquella sala con aquella taza de café y la lectura de algunas frases salidas de las páginas de la agenda.
El dueño anotó que jamás se había fijado en esas frases; nunca se había interesado en leerlas hasta ese día; algunos le pidieron que leyera otras máximas escritas en otras páginas de su agenda.
Alguno anotó que era semejante a la Biblia que en muchas casas está en la sala o la alcoba: está abierta en un salmo pero más como amuleto protector que como lectura pues nadie lee y bebe la Sabiduría de salvación que tiene en sus páginas; reposa en un solitario y a veces empolvado sueño en un rincón de la casa.
Otro pidió al anotador que leyera ahora otros pensamientos luminosos escritos en la parte inferior de cada página de la agenda; empezó a desgranar pensamientos que eran comentados y admirados, les entregó algunos de los leídos esa tarde en esa sala y en compañía de la sabrosa taza de café.
- "Aquel que tiene buen corazón, nunca es tonto" (George Sand).
- "No olvides que un sueño sin acción es una ilusión" (D. Ikeda).
- "Procura que el niño que fuiste no se avergüence nunca del adulto que eres" (Alex Rovira).
- "Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego" (Proverbio árabe).
- "El carácter es siempre superior al intelecto" (R. Emerson).
- "La felicidad es un viaje, no un destino" (Séneca).
Como sello de la fructífera reunión otro anotó: resumamos todo con una frase de San Juan: "amémonos, porque Dios es Amor".
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