Jaime Alzate


En medio de la incertidumbre en que estamos viviendo en nuestro país, que unas veces nos produce cierta calma y otras, la mayoría, un desconsuelo que raya en la desesperación, debemos llenarnos de valor para enfrentar un oscuro panorama en que nos tienen sumidos los malhechores y narcotraficantes, quienes sin ninguna piedad nos someten a crueles suplicios que van de las masacres más espantosas, hasta los escalofriantes secuestros que diariamente se suceden.
Ahora, dentro de la escala de trágicos aconteceres, a pesar de las declaraciones que con buenas intenciones da el gobierno, presenciamos lo que podemos llamar una tragicomedia, cuya sede precisamente es el centro desde donde se maneja el terrorismo en América Latina, y que ha reunido en un diálogo sin sentido, al menos hasta el momento, a un gobierno democrático que, a pesar de los errores normales en una administración, está haciendo lo posible por sacarnos de este pantano, con los representantes más crueles de la maldad humana.
Para darnos una idea de la mentalidad torcida de estos bandidos, tenemos que recordar la teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Aunque sus teorías no tienen nada que ver con los comportamientos alevosos de los criminales, dándole una salida a la situación, y transportándonos a un mundo imaginario, en alguna parte los extremos opuestos se atraen. Me acuerdo, cuando todavía estaba en primaria -tiempos aquellos-, que un año de estudio parecía como si fueran tres normales, en cambio unas vacaciones pasaban con tal rapidez que no había salido uno a disfrutarlas, cuando ya tenía que estar sentado en el pupitre de nuevo.
Esa misma mentalidad atrofiada es la que tienen nuestros permanentes verdugos. Para ellos el tiempo no corre, y al contrario de lo que le sucede al gobierno y al resto de colombianos normales, cualquier detención o demora siempre termina favoreciéndolos, porque esos espacios son utilizados para, en vez de razonar sobre cómo llegar a una verdadera paz, que nos devuelva la vida, apertrecharse y programar más estrategias de destrucción con alevosía y una saña aterradoras.
Esa es la diferencia que trato de demostrar entre lo que significa el tiempo para los mortales sufrientes, y el aprovechamiento que de él hacen quienes no tienen otra cosa que una mentalidad completamente torcida y maligna.
Las actuales conversaciones de paz nos están llevando a un desconsuelo y pesimismos sin límites, entre otras cosas porque la lentitud como se van desarrollando hace entrar en desespero a los mismos negociadores del gobierno, lo que hace parte de la estrategia de las Farc. Porque por un lado está el presidente, que sabe que se está jugando, no solamente la reelección presidencial junto con su mayor ilusión como es alcanzar el Nobel de Paz, sino la fatídica maquinaria de la muerte, que ansiosamente espera poder trasladarse a vivir con sus mal habidos tesoros a países más civilizados que las inhóspitas selvas de Colombia, y allí poder descansar en medio de los viejos edredones de las alcobas de los palacios que con tanta euforia y lujuria llegaron a gozar los revolucionarios de La Bastilla en medio de la sangre de María Antonieta.
P.D.: En días pasados me recomendaron un médico muy bueno, no como esos médicos que lo tratan a uno del hígado y se muere del corazón. Este lo trata a uno del corazón, y seguro se muere del corazón.
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