Jaime Alzate


Con la rapidez con que vuela el tiempo, casi sin darnos cuenta, nos llegó el momento de decidir a conciencia, en unas elecciones que sin duda van a ser de las más dramáticas que hemos tenido que enfrentar en las últimas décadas.
El panorama es oscuro por donde se mire, y la estrecha ligazón entre la votación por los congresistas que van a formar el legislativo y la posterior definición del próximo presidente en medio de una situación asediada de peligros por todos los lados, revuelve el panorama electoral sacando a relucir la pobreza moral e intelectual, que con significativas excepciones, cubre lo que algún día fue el sacrosanto recinto del Congreso donde nos solazábamos oyendo las sabias palabras de insignes prohombres que daban altura a las instituciones con su sola presencia en el altar de la leyes.
Sin embargo, no creo que todo lo que está pasando sea malo; si analizamos con detenimiento, todavía quedan unos erguidos políticos que siguen tratando con valentía de que se recuperen de la cenizas, como el Ave Fénix, las ruinas que han dejado los corruptos que siguen manteniendo la deshonestidad como principio.
Aún es tiempo de salvarnos, porque solo necesitamos dar una mirada a nuestro alrededor y ver la tragedia que embarga a varios de nuestros países vecinos, quienes lo primero que perdieron antes de perderlo todo, fueron sus clases dirigentes, tanto públicas como privadas. Estos ejemplos son lo primero que debemos analizar con plena conciencia de que si a pesar de que sentimos repudio ante las actitudes de muchos honorables sinvergüenzas, todavía podemos hacer una pausa en nuestro descenso y volver a tomar la justicia social y la rectitud, como la última tabla de salvación en medio del tsunami que cada vez vemos más cerca.
De allí la importancia gigante de las elecciones de mañana, porque tenemos al frente una situación en extremo delicada, ya que existen muchas dudas sobre el asunto de mayor gravedad que hemos tenido que enfrentar desde hace más de sesenta años y es el poder recobrar la tan anhelada paz. No hay nadie en Colombia que se oponga a este justo deseo, después de los sufrimientos inauditos a que nos han sometido los narcoasesinos, que hoy se pasean por todo el mundo como Pedro por su casa, y a quienes estamos decididos, no a perdonar, pero sí a dejarlos que se desaparezcan de nuestra patria para que se vayan lo más lejos posible a gozar de sus malhabidas riquezas obtenidas con el dolor y la sangre de miles de colombianos.
Hasta el momento la situación no es la mejor, porque a pesar de la buena voluntad de los negociadores del gobierno, claramente se ve que en la mesa de negociaciones hay una gran desventaja ocasionada por la sinceridad y el patriotismo con que tienen que actuar los representantes de la patria, y por otro la forma ladina y cruel con que siguen actuando los malandros, cometiendo toda clase de masacres, como las hemos presenciado en los últimos días, donde los niños han sido las víctimas de la crueldad de los asesinos.
Por esto, repito, debemos tener la cabeza fría durante las elecciones de mañana y examinar con todo el cuidado del mundo por quién vamos a votar, porque sin duda, sí hay gentes buenas y patriotas que merecen nuestra confianza, para que nos ayuden a salir del tenebroso hueco en el que estamos cayendo antes de tener que sufrir una tragedia como la de Venezuela, cuando, como dice la Biblia, sea el crujir de dientes.
P.D.: La creciente influencia de las mujeres es el único aspecto tranquilizador de nuestra vida política.
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