Hernán Penagos


Uno de los más profundos problemas de América Latina y que sin duda merecen la total atención de los gobernantes, tiene que ver con los altos niveles de desigualdad de la región. Diez de las quince naciones con mayor disparidad del mundo se ubican en este continente. La deficiencia en las políticas públicas y la fragilidad de las instituciones, son causantes de tan penosa situación. Muy a pesar de que un país alcance crecimientos económicos importantes, el éxito radica en que tales niveles se traduzcan en mayor equidad y reducción de la pobreza.
Acaba de publicarse un informe del programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, según el cual la desigualdad incita la protesta en América Latina. El citado documento destaca que "Los países de América Latina con mayor número de protestas sociales son los que también presentan mayores desigualdades socioeconómicas y gobiernos con capacidad limitada para manejar disturbios… Bolivia, Perú y Argentina fueron los países con mayor número de protestas sociales (más de 200 cada uno), mientras que aquellos con los niveles más bajos de disturbios fueron Costa Rica, Chile y El Salvador, con un promedio de 58 conflictos cada uno".
Es de resaltar que la protesta social es propia de los gobiernos democráticos y se constituye en herramienta de la mayor importancia para reclamar el equilibrio social de la comunidad. Claro está, mientras no suponga vías de hecho o abusos de poder entre los asociados.
Ahora bien, Latinoamérica se caracteriza por ser una de las regiones más violentas del mundo, de hecho, los datos de homicidio a escala regional representan los primeros en el planeta. Tal situación evidencia una historia marcada por la inestabilidad política y la influencia del populismo. La unión fraterna y mecanismos de apoyo efectivo entre las naciones son la pócima efectiva para superar este deshonroso primer lugar.
En cuanto a desarrollo humano, es evidente el despegue de las economías emergentes, en lo que el programa de las Naciones Unidas llama "el ascenso del sur", y donde se hace hincapié en países como Brasil, México y Chile. En general, la mayoría de países de Latinoamérica han acelerado sus logros en educación, salud e ingresos y mejorado sustancialmente sus niveles de desarrollo. El informe sugiere que las decisiones políticas adoptadas en un país, pueden tener impactos importantes en otras Naciones, debido al comercio, la migración y las tecnologías de la información y la comunicación.
Los avances en la superación de la pobreza en Colombia son significativos. Según los datos recientemente publicados por el DANE, la pobreza pasó de 34,1% en 2011 a 32,7% en 2012, lo que no deja de ser importante ante un escenario mundial tan complejo en lo económico. Salir del penúltimo lugar de la lista y ubicarnos al lado de países como Panamá y Chile, evidencia mejorías significativas en la erradicación de la pobreza extrema. La distribución de las regalías, los agresivos programas de vivienda y las políticas sociales, seguramente mejoraran estos indicadores.
No obstante seguimos en deuda con la ruralidad colombiana. Mientras en las ciudades la pobreza alcanza el 28%, en el campo gira alrededor del 46%, lo que evidencia una marcada crisis del sector agropecuario.
Causa curiosidad el contraste entre violencia y desarrollo que vive la región. Hace preguntarse cuál fuera el destino de la patria sin conflicto armado y cuan importante fuera la dinámica económica, encauzada a superar las brechas sociales que durante tantas décadas han gobernado el país.
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