Jaime Alzate


1- Cada semana nos encontramos sucesos más graves que superan en malignidad a los de los días anteriores.
Ahora el hecho más abominable y repudiable fue la denuncia hecha por el Gobierno sobre el atentado que contra el expresidente Uribe fraguan los mismos asesinos de las Farc que siguen gozando de las delicias de unas vacaciones bien pagas en las playas de la dolorida Cuba. No quiero ni siquiera pensar en el daño gigantesco que le harían a nuestra patria en el momento en que, Dios no lo quiera, lleven a cabo un magnicidio de este tamaño. Esta semana tuve la fortuna de estar reunido con el doctor Uribe y con el candidato Óscar Iván Zuluaga, y después de escucharlos en las cortas intervenciones que hicieron ante un buen número de sus partidarios, confirmé el extraordinario sentido patriótico que mantienen, la mentalidad clara como analizan los graves problemas, y la forma sólida como piensan que deben ser enfrentados, para volver a encauzarnos por los caminos de la paz, el progreso y la tranquilidad.
Mucho me temo que estos avisos que seguimos escuchando de los terroristas, si no se manejan con mano dura nos pueden llevar a espantosas tragedias. No podemos olvidarnos que cuando las aciagas épocas de los narcos, uno de los pocos dirigentes a quienes le teníamos profundo respeto y admiración, y quien estaba destinado a ser presidente de Colombia, Luis Carlos Galán, fue vilmente asesinado, sin que hasta el momento haya la menor idea de quiénes fueron los autores materiales ni intelectuales, y todo sigue rodeado de elucubraciones donde están enredados desde los más bajos mafiosos hasta algunos de los más altos mandos de los cuerpos de seguridad.
El presidente Santos sabe muy bien que de ninguna manera puede permitir que se le haga el menor daño al doctor Uribe, porque eso no se lo perdonaríamos nunca los colombianos, y para Santos sería el final de toda su importante trayectoria como hombre público y el acabose de sus ambiciones políticas. Pero para los asesinos también sería el fin de su existencia, porque si fuimos laxos con el asesinato del doctor Galán, estoy seguro que ante un hecho así, Colombia entera explotaría y arrasaría de un vez por todas con los terroristas.
2- Hace rato no teníamos el placer de oír declaraciones de la excanciller Noemí Sanín, a quien es un placer escucharla y leerla, porque además de ser una mujer muy "chusca" está sobrada de inteligencia, y no guarda agua en la boca para cantar la tabla cuando es menester. Volvió a la palestra pública para dar sus opiniones sobre el delicadísimo asunto que nos tiene enfrentados con el dictadorzuelo de Nicaragua, el baboso Ortega.
Ella viene hace varios meses tratando de despertar al gobierno sobre las actuaciones del sandinista, pero desafortunadamente ni la Cancillería y sus funcionarios, ni los abogados internacionalista responsables de defendernos, han sido lo suficientemente diligentes en actuar con prontitud, dejando que pase el tiempo, reaccionando cuando ya es muy tarde.
Ahora tenemos unos hechos cumplidos que van a ser muy difíciles de reversar y que nos están ahogando sin que se vea por parte alguna una salida distinta a seguir protestando ante el viento, sin que hayamos sido capaces de enfrentar con berraquera las ambiciones desmedidas de Ortega, quien aprovechándose de la debilidad de Colombia ha pasado de las amenazas verbales a ponernos en nuestro territorio soberano, naves chinas con sus tripulaciones militares. Ahora adicionó la dosis con gigantescos aviones rusos de alto contenido agresor, rodeados de amenazas reales emitidas por todo un oficial de ese país, informándonos en forma amenazante, que en caso de un enfrentamiento entre los dos países, no dudarían en ponerse del lado de Nicaragua y protegerla de cualquier agresión.
No olvidemos que aunque todo indica que el canal interoceánico que pretenden construir los chinos con el regalo de territorio que les ha hecho Ortega, es muy difícil de construir, lo mismo pensábamos del fallo de la Corte de La Haya, y por puros pendejos nos ganaron esa partida.
Ojalá allí acaben nuestras desdichas, para que así los apátridas farianos no tengan que mandar más felicitaciones a nuestros enemigos por habernos despojado del mar territorial en hechos tan vergonzosos y repudiables de los que, desafortunadamente somos culpables todos.
P.D.: Hablar con la boca llena es de mal gusto... pero hablar con la cabeza vacía es peor aún.
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