Luis Prieto


La justicia colombiana no podía terminar el año sin una manifestación genuina de su naturaleza. La absolución de uno de los crímenes más ignominiosos del país, el asesinato de Orlando Sierra, protagonizado por un reconocido sospechoso político del Departamento de Caldas.
El apellido Tapasco ha sido un símbolo denigrante en esta región. Y también del escamoteo de las investigaciones y de los juicios que corresponden a su dudosa condición delincuencial. Visita las cárceles, entra y sale de la mano de la justicia de su talla. Este apelativo ha invadido de terror desde su pueblo de origen hasta las calles de esta noble ciudad de Manizales.
El manto que los arropa, el partido liberal, llena de vergüenza a quienes hemos militado bajo estas nobles banderas, a lo largo de generaciones. Una extrañeza decepcionante, el silencio de las autoridades políticas, nacionales y regionales, de este nuestro partido político, ante el juicio absolutorio del juez que pasó de largo ante el asesinato del valiente y noble periodista de esta casa señorial LA PATRIA de Manizales.
Pocos crímenes han tenido la profusión de testimonios como los que han atestiguado en este vil asesinato. Testimonios acallados a plomo, uno por uno, año por año, para que dieran paso jurídico a esta absolución infame.
Todo fue en vano. La suerte estaba echada. Las versiones honestas no juegan hoy en esta justicia tortuosa. Solo valen las de los facinerosos, criminales de la guerrilla, sector amado de fiscales y jueces.
Colombia es víctima, desde siempre, de una justicia tenebrosa. Caer en sus manos es incitar la muerte. Que lo diga el ex presidente Álvaro Uribe quien en su mandato intentó mirar su fondo sospechoso de lujurias y contubernios misteriosos. Desde entonces el ilustre expresidente y sus amigos han sido víctimas de una venganza persistente. Esta columna tiembla espantada.
La historia de la justicia colombiana está amojonada con grandes impunidades representadas en los asesinatos de proceras figuras de la patria. Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Álvaro Gómez, Orlando Sierra, entre las muchas que han cubierto con su sangre el suelo colombiano.
¿Qué piensan los colombianos de su justicia? Exactamente, nadie lo sabe. Las encuestas mediante las cuales uno pudiera deducir cuál es el lugar de la justicia en el escalafón nacional, la evaden. Lástima, porque las reacciones que despertaría, ayudarían a exigir la pulcritud que debe acompañar a la justicia, como ángel de la guardia, en cualquier parte del mundo. Particularmente en el caso de Colombia, descalificada en el ranking mundial de la corrupción.
Alguna vez en el pasado, este columnista, cree recordar, una encuesta internacional latinoamericana, que medía el pensamiento de cada país sobre este tema, en la cual la opinión colombiana compartía los dos últimos lugares con la Argentina.
El juicio por el asesinato de Orlando Sierra, vigía de la moral en Caldas, tendrá otra opción legal y con ella también las gentes que interpretan la concepción moral de Orlando Sierra, reducto de la honestidad nacional.
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