Fanny Bernal Orozco


El editorial de Acción de Gracias en un diario, contaba la historia de la maestra de escuela que le había pedido a sus alumnos de primer grado que dibujaran algo por lo cual se sintieran agradecidos.
Pensó que esos chicos de vecindarios pobres en realidad no tenían demasiadas cosas que agradecer.
Sabía que la mayoría de ellos dibujarían pollos al horno o mesas con comida.
La maestra se quedó helada con el dibujo que le entregó Douglas…una simple mano dibujada en forma infantil.
-Pero, ¿la mano es de quién?
La clase quedó cautivada por la imagen abstracta.
-Creo que debe ser la mano de Dios que nos trae comida -dijo un chico. –De un granjero -dijo otro -porque cría pollos.
Por último mientras los demás estaban trabajando, la maestra se inclinó sobre el banco de Douglas y le preguntó: -¿De quién era esa mano?
-Es su mano, señorita, -farfulló.
Se acordó entonces de que muchas veces, a la hora del recreo, había llevado a Douglas, un niño delgaducho y desamparado, de la mano. Muchas veces lo hacía con otros niños.
Pero para Douglas significaba mucho.
Tal vez había expresado el agradecimiento de todos, no por las cosas materiales que recibimos sino por la posibilidad, por pequeña que sea, de dar a los demás.
Fuente desconocida, tomada del libro:’ Chocolate caliente para el alma’, recopilado por Jack Canfield y Mara Hansen.
Es ésta una historia especialmente tierna que deja ver cómo algunos gestos que se hacen de manera cotidiana, dejan huellas tan importantes en la memoria. Proteger y brindar seguridad a través del contacto de la piel, es uno de los pasos necesarios para expresar las emociones y los sentimientos de afecto, hacia otras personas.
En momentos dolorosos de la vida, el contacto cálido con otros seres humanos, es un alimento que tiene efectos inmediatos en la actitud de quien recibe la caricia. ¿Recuerda usted su niñez? La mamá sanaba a través de sus manos, no había mejor, ni más rápido remedio que éste, además del consuelo que refugiarse en ella, producía.
Hay manos difíciles de olvidar, tienen la capacidad de generar confianza y agradecimiento, por ejemplo, en momentos de miedo y de tensión emocional. Un abrazo tiene el poder de conjurar temores, tanto los verdaderos, como los creados por la mente.
Para las personas enfermas el calor de las manos que acarician, son un alivio, además ayudan a darse cuenta de que su dolor es tenido en cuenta y mirado de manera respetuosa y es una clara demostración de empatía. Una caricia tiene el poder de acortar distancias y de reparar el dolor de las nostalgias.
La ternura que se expresa a través de las manos, es comunicación y dialogo, es reconocimiento del otro y en el otro, es acercarse a los demás seres de manera espontánea y sincera con la disponibilidad necesaria para dar.
-¿En su memoria emocional, cuáles son las manos que tiene presentes?
-¿Ha pensado, si sus caricias dejan huella en otras personas?
-¿Considera que sus manos son tiernas cuando acarician?
-¿Ha pensado cuántas personas a su alrededor jamás reciben una caricia?
Por ejemplo, en este país los niños y ancianos abandonados, pocas veces reciben gestos cálidos, hay enfermos que nadie visita, familias que hace tiempo no intercambian caricias, en fin la lista sería larga. Piense cómo puede ser de poderoso y nutritivo un gesto simple y amoroso. Douglas así lo sintió y simbolizó en un dibujo, todo su agradecimiento.
-¿Cómo lo puede hacer usted?.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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