Efrain Castaño


Abrí el periódico en la página de entretenimiento para un momento de solaz; busqué el crucigrama para ejercitar en su solución la mente, los conocimientos, todo el aprendizaje y la habilidad para unir palabras.
Rato ameno, de descanso, de habilidad para llenar los cuadros del crucigrama que se ofrecen como amable rato que despierta la memoria y hace reto al acopio de conocimientos.
Avanzaba contento en la tarea; llegué al reto de llenar cinco cuadros como respuesta a una pregunta que me hizo entrar en intriga: "seres apetecidos por los curas"; pensé en muchas soluciones que se venían a la cabeza; fieles... pero no encajaba en los cuadros; ovejas... tampoco; vi que tenía una eñe y pensé en rebaño pero menos había cuadre; después de ensamblar con cuadros aledaños encontré la respuesta que de verdad hizo que asomara una lágrima en mis ojos, de dolor, pena y hasta rabia; la solución quedó así: "seres apetecidos por los curas: niños".
Dolor de verdad sentí porque creo que no es justa la solución planteada ya que la labor sacerdotal busca la oveja perdida, la persona en búsqueda espiritual, el candidato que desea santidad, vida nueva; pena porque duele el estigma que se ha creado generalizando injustamente una actitud que es difícil de juzgar y remediar si bien se ha luchado para que todo se viva en limpieza vital.
Es una verdad a medias afirmar esto; es verdad que los niños son seres apetecidos por los curas, por la Iglesia; desde el comienzo de la historia cristiana los niños han sido parte de la pastoral, se les tiene en cuenta en la labor de evangelización; basta mirar cuántas escuelas, colegios, grupos, movimientos y acciones con los niños existen; nos basta mirar la Infancia Misionera, la catequesis del Bueno Pastor, la catequesis familiar, Lobatos y otros movimientos.
Es justo mirar no únicamente los casos de pederastia en la Iglesia sino también fijarse en los millones de niños que en instituciones milenarias avanzan con gozo, vida limpia, sin ningún peligro moral para sus vidas, en un proceso de formación integral.
Además "los seres apetecidos por los curas" no son solo los niños, sino también los jóvenes, los adultos, los ancianos, los enfermos, los sanos, los ricos, los pobres; todos, con la finalidad de establecer el reinado de Dios que en Cristo es amor y justicia.
Los seres apetecidos por un cura son también los mismos que escriben estas afirmaciones sesgadas, parciales o a veces mal intencionadas, para perdonarles de corazón su odio, dialogar amorosamente sobre la realidad dolorosa sin duda a veces pero llena de buena voluntad siempre.
Creo que hay que confiar más; la verdad es que se está trabajando y mucho con el fin de terminar estas fallas de afecto erotizado por el olvido del límpido amor de Jesucristo a todos.
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