Jaime Alzate


Ocurrieron esta semanas tres sucesos que nos han puesto otra vez los pelos de punta, porque ante la incertidumbre en que estamos sumidos, llega un momento en que nos es difícil saber si es para bueno o para malo lo que pasa en este país.
Lo más desagradable es el estiercolero en que ha caído la administración de justicia. Desde la compra descarada de testigos, a tal punto que ya es lugar común comparar el desempeño de una buena cantidad de jueces con el cartel de la corrupción, asimilándolos a los tenebrosos hermanos Nule, hasta caer en los abismos de los espeluznantes carteles de la droga. Pero, ¿por qué digo que existen dudas ante lo que a simple vista no tiene remedio? ¿Por qué comparar a quienes deberían ser el mejor ejemplo de pulcritud y recto proceder, con los hampones de cuello blanco y los asesinos sin entrañas? Mi teoría es que mientras más sea capaz una sociedad de destapar los delitos, sin importar cuáles son los hampones que ponen contra la pared a toda una sociedad, más rápida y fácilmente se los puede desenmascarar y someterlos al escarnio público.
También vemos cómo van saliendo de las madrigueras financieras las ratas que prevalidas de su alta alcurnia y rodeándose de pura sangre azul, ocultan bajo la máscara de sus manos limpias los grandes robos que cometen cubiertos por el engaño, contra hombres trabajadores y viudas sin recursos, de quienes se han aprovechado para dejarlos en la más dolorosa miseria, robándoles los ahorros de toda una vida y sometiéndolas al duro vejamen de pasar sus últimos días mendigando a amigos y parientes, después de que sacrificaron su vida para no tener que llegar a ese doloroso estado.
Pero lo más doloroso de este cruel capítulo, es que cuando llegue el momento en que la justicia comience a actuar dentro de las reglas de pulcritud, como la hemos conocido toda la vida, se hace visible la putrefacción de quienes traicionando sus principios y el honor de la patria, dejando aflorar la compra de testigos y el cambio de jueces por otros personajes que sin el menor pudor venden su conciencia como cualquier mercancía desechable. Desde hace tres años se está juzgando un hecho increíble en los juzgados de Bogotá sobre lo que puede ser o un asesinato o un misterioso accidente. Cierto es que en el mundo ocurren hechos como este que quedan perpetuados en el más profundo misterio, pero lo más grave en Colombia es que toda esta tragedia ha estado rodeada de una oleada de putrefacción donde las calumnias, las amenazas de muerte, la compra de testigos y una infinidad de porquerías que no se le ocurrirían ni a Agata Christi, la mejor escritora de novelas de misterio, acá se han convertido costumbre.
Está también la ya famosa fotografía enviada por el expresidente Uribe y que les fue tomada a los cabecillas narcoguerrilleros en Cuba, retozando en las playas de La Habana, aspirando olorosos tabacos Montecristo y saboreando un buen ron cubano al lado de sus amigas, las privilegiadas que gozan de estas bellezas naturales de la isla.
Ha habido mucho revuelo con la ratificación gráfica de algo en lo que yo he insistido en mis columnas. Mi teoría es que el grupo negociador está compuesto por los altos heliotropos del bandidaje, y a ellos no les está gustando para nada el tener que vivir metidos en la selva, viviendo como animales y sufriendo todas las enfermedades y amenazas que allí pululan.
Ya los que se están mostrando en los salones de reuniones, y otro pequeño grupo que no ha dado la cara, pero que está también gozando de las delicias de la civilización, están hasta la coronilla de andar matando campesinos y de sentir cómo el Ejército y la Policía van ganándoles terreno, arrinconándolos en los parajes más escabrosos, y es claro que piensen que así no pueden seguir viviendo y que es hora de recoger sus fortunas y largarse a Europa donde todavía quedan idiotas útiles que les creen su patriotismo y los recibirán como los salvadores de un país bananero.
La mejor prueba de lo anterior es que apenas se dio a conocer la foto de marras en el catamarán, de inmediato corrieron a firmar otro punto del arreglo con el Gobierno antes de ir a quedarse sin nada, que es lo que les va a pasar si siguen mamando gallo y burlándose de Colombia, porque tienen que darse cuenta, como decía el poeta, que "de todos modos la llevan perdida".
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