Francisco Santos


A este perro ya es la cuarta o quinta vez que lo capan: desde los autopréstamos de Jaime Michelsen, durante el gobierno de Betancur, al escándalo de Interbolsa, hoy esta manipulación del dinero de otros se sigue dando y, obvio, los paganinis son los ahorradores.
La impunidad en estos casos es casi total. Deberíamos como sociedad y como Estado aprender de este último desfalco a ver si los colombianos pueden recuperar la confianza en la bolsa y en el mercado de capitales.
Deberíamos aprender que la autorregulación no funciona. Para eso está el Estado. En este escándalo hay dos grandes responsables: la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) y el Autorregulador del Mercado de Valores (AMV).
El primero porque quienes la manejan hicieron las reglas y el segundo porque no hizo nada para parar lo que estaba pasando.
Uno se pregunta, ¿en la BVC, que es relativamente pequeña, no se oían rumores de lo que sucedía? En muchas de las casas de bolsas sí y en ese entorno era ya una secreto a voces lo que estaba pasando.
La misma pregunta le cabe a la AMV. Más grave aun, ¿por qué no actuó si para eso se creó?
La segunda lección es que se le deben dar todas las facultades a la Superfinanciera para ampliar su radio de vigilancia, actuar y prevenir estos hechos.
Si hubiera actuado antes habría sido acusado de pánico económico. Hoy solo lo puede hacer cuando ya hay una cesación de pagos. Las funciones y los recursos de la AMV se le deben trasladar a esta entidad estatal y darle aún más herramientas y protección legal para ser el verdadero policía del mercado de capitales y financiero de nuestro país.
Lo más grave de lo sucedido es que una manipulación de una acción como la de Fabricato muestra lo fácil que es manipular acciones en nuestro país.
El terror de invertir en la Bolsa hoy es que esto puede estar pasando, y pasa, con otras acciones. No hay transparencia en el mercado, no hay la información clara, precisa y contundente que sirva para que todos los actores, incluyendo los medios, puedan servir de reguladores del mercado.
Un sistema económico con la debilidad en la calidad y en el manejo de la información como lo demuestra el caso Interbolsa sigue destinado a ser manipulado, concentrado y a no ser motor del desarrollo del sector privado de una economía.
Esto, desde luego, nos lleva a otro tema, la información que por distintos medios hoy reciben los colombianos. En lo económico es una vergüenza.
Escuchar la entrevista de la W con Juan Carlos Ortiz uno de los protagonistas de este escándalo muestra en qué andamos.
Información light, nada de análisis, nada de investigación. Hoy la información económica es de boletín de prensa, lo fácil de hacer.
Ningún medio se preguntó cómo hizo el fondo Premium para ganar plata en el derrumbe económico del 2008. Y si esto es lo que reciben los ciudadanos informados, ¿se imaginan lo que reciben los pobres inversionistas de a pie? Están jugando con una ruleta rusa con su dinero no nos digamos mentiras.
La debida diligencia que hoy hace un inversionista para invertir su dinero es tan precaria que muchos de los que metieron sus ahorros en Interbolsa nunca supieron que ellos habían sido sancionados duramente en el 2003.
O que uno de los actores de este enredo, Juan Carlos Ortiz, había sido expulsado de la Bolsa de Bogotá en los 90.
La verdad hoy en Colombia hay total impunidad para los que se roban los ahorros de otros con estos juegos financieros sofisticados. Ni si quiera hay sanción social así que los Ortiz, Jaramillo o Maldonado de hoy y de mañana saben que se salen con la suya.
Hablando con muchos conocedores del tema me quedó sonando una frase de uno de ellos. "Los de Interbolsa eran tan buenos que hasta algunas cosas legales hicieron". ¡Qué horror!
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