Efraim Osorio


‘Establecer, fundar, instituir’ son los sinónimos que de ‘instaurar’ da El Diccionario, y que el de María Moliner define de este modo: "Establecer cierto régimen o ciertos usos". Tiene, por tanto, la connotación de "comenzar o dar principio a algo". Con tal sentido, lógicamente, no admite el ante-presente de indicativo (pretérito perfecto), porque éste denota continuidad de la acción, tal como se puede apreciar en la siguiente oración, en la que, por lo mismo, está mal empleado el verbo ‘instaurar’: "…la autocracia que ha instaurado su padre desde hace 33 años" (LA PATRIA, 28/12/2012). Se refiere aquí el columnista José E. Mosquera al dictador Teodoro Obiang Nguema, de Guinea Ecuatorial, padre de Teodorín, delfín que, como todos los de su laya, hace y deshace en su terruño, que considera propiedad privada. Lo que expresa dicha construcción es que el dictador africano ha estado, ininterrumpidamente, durante esos 33 años instaurando la autocracia en su país, lo que es a todas luces absurdo. No para los españoles, sin embargo, que olvidaron el pretérito de indicativo, y usan únicamente el ante-presente, y así, por ejemplo, en lugar de decir "el fulano me dijo", dicen "el fulano me ha dicho". Y es un vicio de dicción, que, como todos los vicios, se propaga veloz e inexplicablemente. La frase correcta, don José, es ésta: "…la autocracia que hace 33 años instauró su padre". U otra parecida. O una distinta, pero con un verbo apropiado, como ‘mantener’ o ‘sostener’, verbigracia, "…la autocracia que ha mantenido su padre dese hace 33 años", porque durante esos largos años la voluntad de una sola persona ha sido la ley.
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El autor del cuento, "Una muerta que ríe", Francisco Celis Albán, con estudios de Literatura en la U. de los Andes, emplea la preposición ‘con’ a la manera folclórica de los habitantes de Cundinamarca y Boyacá. "Nos habíamos separado con Tina y fui por ella con mi exalumna Aída Toledo" (El Tiempo, 28/12/2012). Frase chabacana como pocas. El cuento es que el protagonista había partido cobijas con su mujer Tina, y andaba ahora con una ex alumna, Aída, con la cual fue a recoger a su mamá enferma, hecho que pudo expresar castizamente, así: "Tina y yo nos habíamos separado; fui, entonces, con Aída, mi ex alumna…". Es también propio del folclor cundiboyacense el uso desacertado de la preposición ‘con’ en frases como la siguiente: "Fuimos a cine con Rosendo". En esta oración, el sujeto es singular, por lo que el verbo debe concordar con él en ese número: "Fui con Rosendo a cine", o, cambiando el giro, "Rosendo y yo fuimos a cine". Se documentan, como dice "La nueva gramática de la lengua española", otros usos de la preposición ‘con’, solecismos también, en lugar de la preposición ‘a’ o del adverbio ‘donde’, verbigracia, "llevé al niño con el médico", en lugar de "llevé el niño al médico", o "donde el médico". Aun en GGM se encuentran ejemplos de este, para mí, disparate.
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‘Parroquialismo’ y ‘parroquianismo’ son dos vocablos que, aunque bien construidos, no se encuentran en los diccionarios, pues es prácticamente imposible que todas las voces castizas estén en ellos. Digo ‘bien construidos’, porque con el sufijo ‘-ismo’ se forman muchos sustantivos, con significados diferentes, por ejemplo, doctrinas (cristianismo), sistemas (comunismo), actividades deportivas (atletismo), términos científicos (daltonismo), actitudes o disposiciones, aplicable este último sentido a los nombres que nos ocupan. Daniel Samper Pizano es el destinatario de este introito, porque escribió lo que sigue: "…revela una vez más el parroquianismo de la máxima potencia mundial de la historia" (El Tiempo, 30/12/2012). En esta frase, ya que se refiere a la importancia que los Estados Unidos les dan a las noticias caseras, y se las niegan a otras más importantes de otras latitudes, debió echar mano de ‘parroquialismo’, con el sentido de una actitud cerrada, estrecha, circunscrita exclusivamente al entorno doméstico, que muy expresivamente llamamos ‘parroquial’. En cambio, ‘parroquianismo’, califica más adecuadamente a todo lo que se refiere a los ‘parroquianos’, que pueden ser los feligreses de las parroquias, o los habituales de cualquier tienda de esquina, o de cualquier café de pueblo.
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El redactor de Supimos Que, de LA PATRIA, en la nota que le dedica a Juan Carlos Montoya Antía, el entrenador de Omero, el perro de "Paseo 2", escribe: "…con quienes disfrutó de la isla Múcura, locación donde se rodó el largometraje" (30/12/2012). Los vicios de dicción, escribí antes, se propagan veloz e inexplicablemente. Uno de ellos, el empleo de ‘locación’ con la acepción de "un lugar, fuera del estudio, en donde se filma una película o un programa de televisión". Es la traducción literal del inglés ‘location’. La definición que ofrece El Diccionario de ‘locación’ es: "Der. Arrendamiento (acción de arrendar)". Conclusión: ‘Lugar de filmación’, ‘sitio de filmación’, ‘escenario’ ("lugar donde se desarrolla cada escena de la película"), y ‘exteriores’ (término muy apropiado), son las palabras que pueden reemplazar el pegajoso anglicismo.
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LA VEINTITRÉS: ¿Valdrá la pena seguir machacando en hierro frío? Lo dudo.
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