Luis Prieto


La Industria Licorera de Caldas está en cuidados intensivos. Es lo que se traduce de las noticias del día. Otro de los importantes íconos industriales de Manizales y Caldas que se derrumba. Como se han derrumbado tantos otros que nacieron y vivieron con éxito, mientras estuvieron bajo el mando y cuidado de las generaciones del momento.
Una mortandad exprés en pocos años. Y lo que es más significativo es que este desastre a nadie le importó ni a nadie se culpó. La posición empresarial que este enjambre empresarial, diverso y sobresaliente, le dio a Manizales, se ha venido abajo casi de un día para otro.
Solo ha quedado la Industria Licorera de Caldas, al parecer en los estertores de su muerte. Una producción industrial que ha sustentado los requerimientos fiscales del Departamento. Que inclusive logró revivir a pesar de la tragedia del robo a Caldas, pues siempre ha sido vox populi los asaltos políticos a su caja.
Hoy el señor gobernador no sabe qué hacer con este bien que heredó de repente. Si volverlo a la vida como lo haría un empresario de garra o dejarlo que duerma el sueño de los justos, condenando las finanzas gubernamentales para siempre a vivir como el pobre Lázaro, de las migajas que caen de la mesa del rico Epulón, o sea de la mermelada del gobierno central.
El régimen comercial que la abate no puede ser más anacrónico. Es el único producto del país y seguramente del mundo que tenga reducido su mercado, por mandato de la ley, al área política donde se produce. Solo es posible expandir sus ventas a otros territorios mediante reciprocidades mutuas donde el pez grande se engulle al más pequeño. Una negociación no fácil en el caso de la licorera de Caldas que tiene para ofrecer solo un pequeño territorio consumidor.
De todas maneras este régimen antediluviano caerá más pronto que tarde. Obvio, para enfrentar esta situación vital para Caldas, se necesita un verdadero industrial, ajeno a cualquier veleidad política, que garantice calidad, ventas y lógicamente utilidades. No es una persona cualquiera. Es un alguien que hay que buscarlo en todo el territorio nacional. Si el gobernador tiene que entregar esa posición por exigencias políticas de su región, lo mejor es cerrarla y vender sus restos para lo cual sí hay compradores.
El suscrito está seguro que el gobernador luchará para que esta fábrica que data desde el año 1943 no naufrague. Tiene una historia interesante por su pertinencia en producir calidad, variedad y ventas. Al nacer y empezar a producir, conquistaron la Costa Atlántica con gran éxito, vendiendo hasta un millón de botellas por año. El ron viejo de Caldas empezó desde ese inicio 1944 su carrera prestigiosa como el mejor ron de Colombia, prestigio que conserva a pesar de los avatares vividos.
Luego se produjo el aguardiente Cristal que se enfrentó también con éxito a pesar del dominio del mercado antioqueño. La producción de alcohol llegó a ser de veinte mil litros diarios. Ha producido brandy, vodka y algunos otros derivados como crema de café. Ha sido premiada por entidades importantes nacionales e internacionales. El equipo productor ha sido actualizado no hace mucho tiempo.
Breve resumen que indica que la Industria Licorera ha sido próspera. Pero según informes ha sido infectada seriamente por la baja politiquería y peor por la corrupción en anteriores administraciones, de cuyas consecuencias no ha podido salir.
Este es el peligro de los bienes públicos, principalmente cuando son entes industriales complejos de por sí, con daños muy graves en plazas de poca experiencia industrial y escasez de profesionales de esta naturaleza.
Si el gobernador decide conservar la Licorera, debería ser con otro esquema, sustrayéndola completamente del ambiente político. Quizás mediante un contrato de administración con alguna entidad especializada, para cuya identificación existen las compañías de inversión.
A la vera política, lo mejor es cerrarla.
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