Efrain Castaño


Se habla ahora de la vuelta a Colombia en bicicleta, las proezas de sus protagonistas, los esfuerzos de todos los que componen la gran familia del certamen; es justo reconocer que desde el primero hasta el último clasificado en una gesta como esta todos son merecedores de un aplauso y admiración por su heroico pedaleo.
Sin olvidar a nuestros corajudos ciclistas colombianos me ha venido a la memoria el Sr. Eddie Merckx, ciclista belga, nacido el 19 de junio de 1945; algunos dicen que aún no ha surgido el sucesor de tan monumental deportista; campeón del mundo en ciclismo en los años 1967, 1971 y 1974; ganador cinco veces del famoso Tour de Francia considerada la prueba ciclística más dura del mundo, ganador también cinco veces del sonado Giro de Italia, campeón una vez de la vuelta a España y récord mundial de la hora en 1972.
Un caballero en la ruta y fuera de ella, con el uniforme deportivo así como con el traje callejero; ganó en una época en la cual no había dudas sobre el esfuerzo pues aún no se usaba estupefacientes engañosos; excelente hombre del deporte, recto esposo y sólido creyente, amigo abierto de la oración.
En una de las entrevistas concedidas después de una de sus hazañas campeoniles el periodista le lanzó una pregunta compartida por muchos: "en qué piensa usted cuando tantas veces va en la punta de la carrera, muchas veces escapado?"; la respuesta impactó por lo clara y a su vez por lo inesperada: "cuando voy pedaleando trato de marcar un ritmo que me hace sostener y avanzar; he aprendido a pedalear al ritmo del Ave María, oración que me gusta rezar como plegaria de un hijo de Dios que pide a la Madre le ayude a ser recto y fiel".
Respuesta que gustó y agradó a muchos y que otros no podían entender; ¿es posible orar mientras se pedalea?, preguntaban; la respuesta es bien clara: la oración es como la respiración del amor, del deseo, de la confianza de vivir en la fe.
No es locura ni un sin sentido decirlo: la oración es compañía del creyente dondequiera esté o vaya porque orar no es otra cosa que expresar interna o externamente el amor que se siente por Dios en quien creemos y que captamos como compañía de nuestro diario trajinar por estas vías del mundo, por sus diversas situaciones.
Alguien ha dicho que la oración es un acto de amor y entrega o no es recta oración; el cura de Ars solía repetir un bello resumen del buen vivir: "Dios, hijos míos, ha dado al hombre una doble amable tarea: orar y amar; esto lo hará feliz".
La verdad es que nos hace mucha falta sembrar la costumbre de la oración en nuestra vida: ello da frescura de vivir, fuerza para continuar, serenidad para proseguir, luz en la oscuridad; orar y amar son como dos remos que permiten que la barca de nuestra existencia avance sin tanto dolor o error.
Es inmenso el tiempo que desperdiciamos sin acordarnos de orar; el fin de semana sería fuerte reconstituyente si sacásemos tiempo para en forma individual y comunitaria hacer oración.
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