Francisco Santos


No solo fueron los paros los que desencadenaron el derrumbe en las encuestas del presidente Juan Manuel Santos. El acumulado de desconfianza, de centralismo radical, de lejanía con los sectores económicos y sociales y de muy mala gestión causó la implosión en la favorabilidad de Santos.
La gran lección que deja este claro mensaje de los ciudadanos es que la imagen no lo es todo y que los cientos de millones en publicidad con que compró cubrimiento favorable, en especial pero no exclusivamente en Caracol radio, no sirvieron de nada fuera de dilapidar los recursos de los colombianos. Si a alguien debería investigar la Contraloría y la Fiscalía por ese derroche es al rasputín del Gobierno, Juan Mesa, que incluso hoy opera como la gestapo burocrática para amarrar apoyos. Desde la época del proceso 8.000 este funesto personaje funciona de la misma manera. En este caso los resultados están a la vista.
Queda claro que la reelección de Santos está herida de muerte. Los ciudadanos castigan duramente la deslealtad con las ideas y con la gestión de su antecesor. Buena lección que deberían aprender los políticos oportunistas. Pero también es claro que gobernar al vaivén de las encuestas o de los titulares es un arma de doble filo que acaba por pasar su cuenta de cobro. Los colombianos castigan, otra lección para los políticos, la falta de ideas, de norte y de firmeza en las convicciones.
Santos fue finalmente víctima de su propio invento. Se volvió gavirista para llegar al gabinete. Se volvió pastranista para ser ministro de Hacienda. Y se volvió uribista, engañó a casi todos, para llegar a la Presidencia. Nunca tuvo una idea propia. Conspiró y maquinó tanto para llegar que cuando llegó no supo qué hacer. Hoy enfrenta un año dramático de gobernabilidad que nos va a costar inmensamente a los colombianos.
La pregunta es que va a pasar en el escenario electoral. Tal y como van las cosas el presidente no pasaría a un segunda vuelta electoral. Y la izquierda que en la constitución del 91 tuvo como bandera la doble vuelta electoral podría ganar como sucedió en Bogotá, pero esa segunda vuelta une a un país conservador como lo es Colombia.
Sin duda el país se va a polarizar entre las fuerzas uribistas y la izquierda. Los primeros tienen un líder carismático como nunca lo ha tenido la Colombia moderna y los segundos van a pagar por la pésima gestión de sus copartidarios en la capital de la República. Por primera vez vamos a ver una elección entre la izquierda y la derecha, lo que es bueno para la democracia. Con los primeros cargando otro lastre, el de la paz con impunidad, y los segundos retomando unas banderas que transformaron a Colombia.
Hay otras víctimas en este desangre político en el que está Santos. Los medios nacionales que deben revisar lo sucedido en estos tres años para no caer en la trampa otra vez. Habrá que esperar que jueguen limpio durante el proceso electoral. El partido liberal, y los expresidentes Samper y Gaviria, que ven como se esfuma su apuesta de futuro. Y el partido de la U que le apostó al caballo equivocado.
Y quien ganó. Como siempre, Álvaro Uribe, sus ideas y sus tesis que Colombia reclama. Si ya hubiera un solo candidato de esta colectividad otro sería el cantar de las encuestas. Pero tocará esperar hasta marzo. Ojalá no sea demasiado tarde.
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