Efraim Osorio


Todavía, durante la agonía del siglo pasado, el verbo ‘haber’ era transitivo: De ello dan fe los ejemplos que presenta El Diccionario (edición de 1992): "Los malhechores no pudieron SER HABIDOS"; "Antonio lee cuantos libros puede HABER". Con mayor razón, cuatrocientos años atrás, según este pasaje de El Quijote: "La cual tan vivamente fingía aquel extraño embuste y falsedad, que por dalle color de verdad la quiso matizar con su misma sangre; porque, viendo que no podía haber a Lotario, o fingiendo que no podía, dijo…" (I-XXXIV). Como rezago de esta naturaleza de transitivo de ‘haber’ nos quedó, entre otras, la expresión "habérselas con", con el sentido de "discutir o contender con alguien o algo", utilizada ya en la época de Cervantes: "…y volviendo y viendo a la dueña tan alborotada y tan encarnizados los ojos, le preguntó con quién las había" (I-XXXI). Actualmente, y de acuerdo con la misma Academia de la Lengua, esa usanza está en desuso, de tal manera que hoy tiene prácticamente únicamente dos oficios, el primero, como verbo auxiliar, es decir, que entra en la formación de los tiempos compuestos de los verbos (‘había decidido’, ‘ha dicho’, ‘habrá conseguido’, etc.); y, con el significado de ‘existencia’, en las frases impersonales de uso frecuentísimo, verbigracia, "hubo temblores", "habrá reparaciones", "hubo apenas tres personas en los últimos comicios". Hace pocas lunas, al referirme a este mismo verbo, cité la enseñanza que sobre él tiene la Academia de la Lengua, y que dice así: "Al ser ‘haber’ un verbo impersonal transitivo, se espera que no concuerde con su argumento, ya que este desempeña la función de complemento directo" (Nueva Gramática, 41.6b). Con su significado de ‘existencia’, el verbo ‘haber’ no es transitivo, por lo que no puede tener complemento directo, tanto es así que, en latín, estas frases se construyen con el verbo ‘esse’ (ser, existir), como en inglés, con el verbo ‘to be’ (ser) y el adverbio ‘there’ (allí), por ejemplo, "there is, are; there was, were" (hay; hubo o había). Por esto, don Rufino concluye: "Si el impersonal haber significara de suyo existir, sería la mayor de todas las anomalías poner las cosas existentes en acusativo" (Apuntaciones), que es el caso del complemento directo. Por su origen, del verbo latino ‘habere’ (tener, poseer), esto es lo que significa el verbo ‘haber’, como se dijo al principio, pero en las construcciones mencionadas significa ‘existir’, por lo que no puede ser transitivo ni tener complemento directo.
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El director del portal electrónico de EJE XXI, Evelio Giraldo Ospina, o uno de sus redactores, mezcló los verbos ‘tronchar’ ("2. Partir o romper con violencia cualquier cosa de forma parecida a la de un tronco o tallo") y ‘truncar’ ("Cortar una parte a algo. // 2. Dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee, u omitir frases o pasajes de un texto"), y dio a luz el verbo ‘trunchar’. En efecto, en el relato de la muerte accidental del joven Diego Alejandro García Serna, de 17 años, dice: "La imprudencia trunchó la vida de un joven que estudiaba con gran sacrificio de sus padres" (25/9/2012). Es cierto, la verdad sea dicha, que tenemos el colombianismo ‘truncho’, pero esto no es más que una variante espuria del adjetivo ‘troncho’ (animal sin cola, algo mutilado, trunco). Por esto, don Evelio, ‘tronchar’, ‘truncar’, ‘cortar’ o ‘segar’ son los verbos apropiados en su noticia. Uno cualquiera de ellos.
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¿Hasta dónde puede llegar la sinrazón (por evitar el término ‘estupidez’, más adecuado) de los acrónimos modernos? Este titular de la columna sabatina de Cecilia Rodríguez nos advierte que el límite es el infinito: "Manorexia a la moda" (El Tiempo, 29/9/2012). ¿Manorexia? ¿Qué clase de enfermedad es ésta? Por el contexto, por las fuentes que empleó la columnista y porque en inglés ‘hombre’ se dice ‘man’, deduzco que se trata de la anorexia masculina. Entonces, ¿cómo se dice la femenina, womanorexia? ¡Qué tonterías! Vendrán luego, ¡no lo dude!, la ‘mangripa’ y la ‘womangripa’; el’mancáncer’ y el ‘womancáncer’, etc. ¡Qué barbaridad!
Fueron muchas las vueltas que le di a la siguiente frase de Enrique Krauze, historiador, ensayista y editor mexicano: "Llamar "nazi" a un hombre cuyos abuelos fueron exterminados por los nazis es una barbarie que va más allá de los adjetivos" (El Tiempo, "Carta a un chavista", 2/10/2012). Y fueron muchas, digo, las vueltas, porque, aunque los dos términos proceden de ‘bárbaro’, son muy distintos ‘barbarie’ y ‘barbaridad’. Ello es que ‘barbarie’ es un estado, el modo de vida o de ser de un pueblo, de una raza o de una comunidad, e, inclusive, de un individuo, que viven en el atraso, la incultura o la crueldad. ‘Barbaridad’, en cambio, son los actos o las acciones que cometen o realizan los bárbaros. Los miembros de las Farc, verbigracia, viven en la ‘barbarie’ y cometen actos bárbaros (‘barbaridades’, como secuestros, extorsiones, siembra de minas explosivas, asesinatos, destrucción de poblaciones, violaciones y reclutamiento de menores, operaciones mansalveras, etc.). Cambiemos, entonces, en la frase del editor mexicano, ‘barbarie’ por ‘barbaridad’, y todos felices.
¡Ojo! La VEINTITRÉS es la Calle de la Amargura de Manizales.
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