Fanny Bernal Orozco


LA PATRIA | MANIZALES
Érase una vez una ciudad donde todo el mundo llevaba gafas. Los hombres y mujeres de aquella urbe usaban unas gafas extraordinarias. Unas descomponían la luz, captando sólo unos rayos determinados. Otras, desordenaban los objetos, y sólo se veían algunos aspectos de los mismos. Otros conseguían hacer ver como feo aquello que hasta entonces se había considerado como hermoso, y hermoso lo que se había visto hasta entonces como feo... Existían muchas clases de gafas y para todos los gustos: unas lo hacían ver todo negro, ¡qué lástima!; otras, sólo dejaban ver el propio trabajo, los propios intereses, ¡qué poco divertido era aquello; otras sólo dejaban ver la ciencia, los libros, los números, los cálculos, ¡qué aburrido!; con otras sólo se veía el juego, la diversión, las distracciones, y a la larga, ¡qué cansancio!.
Un día hubo una lucha entre quienes veían a los otros como menos inteligentes y quienes los veían como animales. Uno de los que veía a los demás como poco inteligentes recibió un golpe en sus gafas. Se le cayeron al suelo y se le rompieron. Al verse en el suelo y con las gafas destrozadas se enfureció mucho. Pero, de repente, de algo se dio cuenta… al ver a toda la gente a su alrededor con las gafas puestas, rompió a reír a grandes carcajadas. Debía estar loco para reír de aquella manera y en aquellos momentos tan difíciles.
Eran tiempos para estar serio y para imponerse a las dificultades y a la situación, no para reírse. Eran tiempos para luchar por sobrevivir. Nadie podía estar seguro de los demás. Nadie podía fiarse de nadie. La violencia reinaba por todas partes. El egoísmo y los intereses propios imperaban por doquier. El dinero lo solucionaba todo. Los pobres, los enfermos, los débiles, no tenían nada que hacer en aquella ciudad. ¿Cómo tenía valor para reírse en aquella situación? Sin duda, debía estar loco. Aquel señor de las gafas rotas se dio cuenta de todo ello. Paró de reír. Puso sobre su nariz la montura de sus gafas rotas para no llamar la atención. Y, como lo normal de los demás habitantes de la ciudad era pelearse, se comprometió a luchar contra sí y contra los otros procurando romper el mayor número de gafas que pudiera en su lucha. Después de esto, ya veríamos qué pasaría”.
Por Brunet. Tomado de: cuentosdelcole.blogspot.com
Hay momentos de la vida en los cuales es imprescindible “ver”. En otros instantes, la necesidad perentoria, sería no “ver”, mientras que hay oportunidades en las que da lo mismo “ver o no ver”, son ocasiones dónde lo que prima es la indiferencia, pocas cosas tienen significado.
El ser humano en su paso por el sendero del vivir, tiene búsquedas, que se configuran desde su experiencia individual.
Así entonces mientras que para algunos buscar la luz y encontrarla, es una de sus metas, otros solo querrán vivir en la oscuridad, allí sienten que están cómodos y jamás han pensado que pueden existir otras formas de “ver”.
En cualquiera de las situaciones en las que se encuentre una persona, puede o no necesitar gafas; que las tenga no garantiza que vea y que vea bien. Y un poco como lo dice el autor de esta historia, hay gafas para tapar los ojos, para ocultarse, para no dejarse ver, para que no le reconozcan y también para distorsionar la realidad.
Así entonces, en algunos casos, de acuerdo con las gafas que se esté usando, así serán las respuestas que cada ser humano asume en su mundo emocional. Por ejemplo mientras unas personas cuando miran hacia el frente, ven solo una estrecha e inmensa pared, otras por el contrario ven un amplio y provocador horizonte: Las gafas en algunas oportunidades ayudan a ir por el mundo, como con el piloto automático puesto, lo que permite estar alejado de la realidad que le rodea, asumiendo una actitud indiferente y egoísta, un poco respondiendo a esta premisa: ‘si no veo, no me afecta.’ Tiene que pasar algo muy dramático o especial, para que algunas personas ‘se toquen’, ya que muy posiblemente, lo que ven del mundo está íntimamente ligado, a la manera como ellas son y sienten su entorno.
¿Y usted, que está leyendo esta columna, estas palabras, qué le invitan a pensar?, ¿En la oscuridad o en la luz? Con gafas o sin gafas, todos tenemos compromisos con nosotros mismos y con los demás, la actitud con la cual asumamos cada uno de ellos, es lo que nos lleva a decidir si usamos o no las gafas y además a tener claridad si de verdad las necesitamos.
*Psicóloga
Profesora titular Universidad de Manizales
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015