Jaime Alzate


Esta semana que termina hoy, prácticamente comenzó el viernes antepasado con el colosal empate que le sacó con las uñas nuestro equipo nacional a un Chile que ya nos había afrijolado tres goles de entrada y nos llevaba para la media docena.
Muy meritoria la actuación de todos los jugadores, pero sin duda el artífice principal fue la ciudad de Barranquilla, donde los ñeros no dejaron ni un minuto de alentar al equipo, lo que estimuló en forma más que positiva a estos muchachos que terminaron dando una muestra de pundonor deportivo que ojalá se nos pegara al resto de colombianos para ayudarnos a salir del berenjenal en que estamos metidos. Después se vino el triunfo ante Paraguay en casa ajena y esas, hasta ahora, han sido nuestras brillantes actuaciones en un deporte que hacía 16 años no nos daba la satisfacción de competir en un mundial. Todavía hay un largo camino por delante y no podemos bajar la guardia, ni llegar a un triunfalismo errado que nos pueda causar grandes decepciones. Vamos pues todos a participar en el mismo entusiasmo que ahora estamos sintiendo para que con humildad, pero con mucha berraquera, hagamos un papel decoroso en Brasil, como lo tenemos merecido.
Pero aquí nos pasa una cosa buena y diez malas. Seguimos con total incertidumbre los resultados cada día más oscuros de las negociaciones de La Habana, donde todo indica que el final está cerca, pero sin que se vislumbren aires de optimismo. En estos momentos tenemos que reconocer que la oscuridad es total, y nadie sabe, creo que ni los mismos guerrilleros, a dónde vamos a terminar. El presidente está dedicado a preparar su reelección, y da la sensación de que ha dejado de lado a los negociadores abandonados en medio de un tormentoso mar de incertidumbres, en el que ni él ni ellos tienen una brújula que les permita guiarse en la peligrosa tormenta en que está metido el país. Recuerdo que cuando Santos se lanzó a la presidencia nos hizo creer que durante su mandato iba a sacar a relucir su conocimiento del póker, al cual, dicen, es muy aficionado y buen jugador. Todo indica que no nos estaba diciendo la verdad, ya que los cañazos que le mantiene echando a los enemigos de todas las calañas indican un total desconocimiento tanto de juego como de la política que también dice ser amplio conocedor. Hace poco Antonio Caballero, punzante columnista de Semana, le dio un regaño sin piedad acusándolo de todo lo que nos había hecho creer y cuanto de eso era cierto.
Lo peor es que todavía sigue incumpliendo las promesas que les hizo a los campesinos después del tremendo paro nacional, que él cree que nunca existió, por lo que de pronto nos veremos enfrentados a algo peor que lo que ya pasó, por la sencilla razón de que en esta oportunidad nadie le va a creer y vamos a terminar como en la fábula del pastorcillo mentiroso, muy lastimados por el lobo. Es hora de que se arreglen rápidamente las cargas, porque el tiempo apremia y se vienen las elecciones, teniendo a la espalda, como un monstruo de siete cabezas, a los crueles cabecillas de las Farc, que cuando sigan viendo la debilidad del gobierno sacarán a relucir, ellos sí, una buena mano de ases, que con seguridad tienen bien guardada, y el gobierno no cuente sino con un pobre par de sietes, agravando más nuestra ya difícil situación.
Para terminar, tengo que confesar mi preocupación por el colapso del edificio Space en Medellín. Toda mi vida he estado muy metido en la construcción y por eso esta tragedia me ha impactado sobremanera. Las causas van a ser muy difíciles de encontrar, porque pueden ir desde fallas del terreno, hasta una errada configuración del hierro de refuerzo, pasando por el uso de algún material deteriorado o un mal cálculo de ingeniería. Pobres los inquilinos que se quedaron sin su vivienda, conseguida tras años de esfuerzos, y pobres los trabajadores que perdieron su vida cumpliendo con su labor.
P.D.: ¿Saben ustedes por qué entre los nietos y los abuelos siempre hay una muy buena relación? Porque ambos tienen un enemigo común.
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