Efrain Castaño


Invito a la trompeta para que emita un sonido lúgubre, melancólico, triste y largo para expresar el lamento que debemos dar porque se acabó la fábrica nacional de muñecos.
Duele expresarlo pero es verdad que se anuncia el cierre definitivo de la fábrica que cada año nos alegraba con la puesta en el mercado de miles de aviones, carros, trompos, muñecos y muñecas copia de los cuentos de fantasía inolvidables; no volverán los caballitos, las aves, los perros y gatos que en diversos tamaños llegaban a las manos de nuestros pequeños, envueltos en papel multicolor con el abrir emocionado de esas inocentes manitas.
Se acaba nuestra fábrica de muñecos con su sello "hecho en Colombia" porque ya llegan otros con sellos diferentes; los que llegan importados por lo regular más caros y cosa rara representan muñecos de fieras poses, violentos ademanes, rostros de ira o disgusto; las manitas de nuestro niños pasan así de ser tersas y acariciantes de los bellos peluches, a tomar ademanes de amenaza y fiereza, pelea y disturbio.
Se nos muere el muñeco colombiano para dar paso al importado; quedan por fuera centenares de empleados marcados por un TLC que no solo afecta al sector rural sino también al comercial e industrial; queda por fuera la sonrisa y la caricia infantil al recibir el muñeco colombiano para reemplazarlas por gritos de fiereza y gestos de pelea y violencia.
Con la ida de los muñecos de nuestras fábricas se nubla la ternura y el juego y se incita a la batalla destructora y el combate de fiereza y oponentes; por eso tal vez crecen nuestros niños no con el ánimo de jugar sino de competir, mirando el compañero no como amigo sino como rival y hasta enemigo.
Si pasamos a los juegos electrónicos algo similar sucede; casi todos son juegos de agilidad para el combate, para derribar el avión siempre enemigo, para golpear fuerte al oponente, para aniquilar a quien se pone al frente.
Por qué nos extraña que lleguen a la adolescencia con su carácter violento, retador, hiriente, aniquilador; de los héroes fraternos y auxiliares de los cuentos y juegos de ayer hemos pasado a los personajes cuya presencia siembra horror, miedo, defensa y ataque en actitud violenta.
Poco a poco hemos inyectado en los niños una visión de competencia violenta, de mirada rabiosa al prójimo que se convierte en enemigo si piensa distinto, si gusta de algo diferente a lo mío.
Así hemos llegado a una dolorosa realidad: jóvenes que se citan a pelear porque sí o porque no, que matan o se hacen matar por una camiseta, un partido, una novia, un celular.
Hemos llegado a un estado donde todos nos fastidian, nadie nos gusta, todo nos disgusta, el otro, es enemigo. Hemos acabado en nosotros una "fábrica de bellos muñecos" que nacen del amor a Dios y al prójimo.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015