Efrain Castaño


La amiga dijo a su amigo: vaya al Templo hoy y úntese del magnífico cosmético que se reparte a todos y es gratis; pienso que muchos hacen muy suya esta frase y así la viven: van a recibir ceniza en su frente o sobre su cabeza como quien recibe un amuleto, un protector ya no solar sino contra el mal.
Se dice que el cosmético se usa ya sea para limpiar la piel; quitar manchas o embellecer el cuerpo; algunas veces se usa para proteger; la verdad es que el rito usado hoy en todo el mundo y en miles de lugares quiere recordar que iniciamos un tiempo de cuarenta días muy propicio para limpiar la vida, quitar el pecado que daña la marcha de la vida y embellecer el recorrido por la existencia.
La ceniza es un signo, no un amuleto que con solo recibirlo produce como por magia la tal limpieza o embellecimiento; nadie va a ser mejor o peor porque reciba o no la ceniza, nadie va a ser protegido de la enfermedad, la dificultad inherente a la vida por el hecho de entrar a toda carrera, casi sin orar, recibiendo ese extraño signo: una cruz de ceniza en la frente o un rocío de polvo sobre la cabeza.
Acudir a recibir la ceniza hoy es un gesto que compromete, es aceptar que vamos a iniciar la Cuaresma como tiempo de revisión de vida, confesión de culpas, limpieza y corrección para continuar con una vida nueva cuyo signo es la cruz que se estampó en la frente.
Si no está disponible para ese camino, mejor no se unte; no crea que la ceniza en sí es ya un protector, iluminador o fuerza especial para actuar, menos aún piense que le va a dispensar de la lucha diaria para ser mejor.
En la Biblia la figura del polvo o la ceniza como elemento que ayuda a entender la existencia es usada desde el inicio; recuerde el capítulo dos del Génesis; allí se presenta al hombre como procediendo del polvo; del barro, pero moldeado por el Creador con amor quien le confía una enorme misión sobre la tierra y sopla sobre su bella obra para regalarle el espíritu; es una manera tomada de la vida artesanal para decir que somos creaturas de Dios con una inmensa y bella misión.
La ceniza que sale del leño quemado y reducido a polvo, tiene su momento cumbre en el madero de la Cruz donde Jesús de Nazaret hace ceniza los males del mundo si se viven como Él: en amor donado. Él dijo que había venido a traer fuego al mundo y en la cruz ese leño queda reducido por el fuego divino en ceniza.
Iniciemos la Cuaresma con decisión y valentía; entremos en la lucha para que desde la cruz que descuajó el Señor podemos hacer que este polvo y ceniza que somos llegue a vivir el amor, la fortaleza, el gozo que da la Fe.
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