Pedro Felipe Hoyos Körbel


La sentida queja que expresó el profesor Orlando Mejía Rivera la semana pasada referente a las turbulencias causadas por el rector de la U. de Caldas son realmente graves. Si esto pasase, que el máximo dirigente de una empresa esté en desesperada búsqueda de otro empleo, en una institución privada, esto sería un penoso episodio interno, pero al suceder esto en la U. de Caldas a todos nos importa. La U. de Caldas es pública y se sostiene con los dineros de los contribuyentes y fue constituida como universidad pública materializando así la filosofía del Estado colombiano. No cabe entonces duda que nos incumbe a todos lo que allí sucede.
Si la Catedral es el símbolo de Manizales, la U. de Caldas es una de las esencias de esta sufrida ciudad. A muchos habitantes les es difícil entender esta importancia; por ende analicemos: La salud de la ciudad se soporta en los médicos formados en ese claustro; los abogados que asisten a la justicia igualmente; también los músicos, pintores y filósofos de la ciudad son educados en la U. de Caldas principalmente y eso por más de seis décadas. Toda la vida de esta ciudad ostenta la benéfica huella de la Universidad de Caldas. Manizales sin la Universidad no sería la misma, el dinamismo ejercido por este claustro pionero ha sido definitivo.
No sobra recalcar que nuestro sistema político se sustenta en la universidad; la democracia es estable y fuerte si cuenta con gente capacitada y consciente. Inclusive le son vitales a la democracia, para crecer y ser más, las criticas producto de las investigaciones.
En esta empresa no laboran 12.000 obreros sino 12.000 jóvenes acuden a ella para crecer, para aprender y convertirse en profesionales, que es sinónimo de ciudadanos honestos. Manizales tiene proporcionalmente más universidades que chimeneas, aquí la materia prima y el producto que se transforma y produce es un intangible, es algo abstracto, es conocimiento. Esta condición requiere un "manejo" diferente al de todas las otras "industrias". Se educa y se enseña con base al ejemplo; en esta delicada disciplina no aplica la fuerza; el educador debe ganarse la confianza del educando; la voluntad del estudiante no es una condición, se gana con compromisos.
Todas las universidades son importantes en nuestro tipo de sociedad y en el tiempo que vivimos. Su protección y su apoyo son de una grandísima importancia para la sociedad. Ser el capitán de un portaviones, como lo es una universidad, no es un simple puesto, es un honor y un compromiso. La persona que no lo asuma con vocación de educador no debe llamarse a engaño cuando la comunidad, consciente de lo complejo y delicado que es este engranaje, proteste y le exija un compromiso a toda prueba y sí esta persona no ha tenido sólidos logros, pues recaerán sobre ella grandes problemas, los cuales, por supuesto, afectarán a toda la comunidad. No nos olvidemos que en el orden económico es la U. de Caldas la segunda entidad en importancia a nivel departamental ya que maneja, después de la Gobernación de Caldas, el mayor presupuesto.
Cuando los defensores del rector alegan que a nadie se le puede tomar a mal que pase hojas de vida, yo contestaría que existen límites de forma y de contenido. Si un conductor de Socobuses pasa una hoja de vida en Unitrans, esto no afecta a las empresas todo lo contrario, este paso enriquece la "experiencia laboral" porque, ojo, es el mismo gremio, es el mismo oficio. Lo que yo me pregunto es ¿qué tienen en común una universidad, una caja de compensación y una cámara de comercio? Cargos como una rectoría lo deben asumir personas mayores de cincuenta años ya que es de suponer que estos ya fijaron sus metas vivenciales y saben en qué se van a jubilar. Pero cuando gente muy joven, llenos de aspiraciones, llega a estas coyunturas es muy fácil que prime la obligación con su carrera personal en deterioro de la integridad del cargo que ejercen. Esto le está pasando al rector y eso le pasa a su jefe político; el destino los colocó, demasiado jóvenes, a desempeñar posiciones bastante altas y exigentes.
Es importante que la Universidad de Caldas capacite, tome una decisión y de nuevo nos den ejemplo constatando que Manizales y Caldas merecen grandes hombres y grandes mujeres capaces de diferenciar entre el bien público y los intereses privados, que no recurrirán a la torpe justificación alegando que ciertos actos son válidos ya que no los contradice la ley.
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