Francisco Santos


Un gran empresario industrial tuvo que despedir más de 400 empleados hace unas semanas. La revaluación está acabando su empresa. Pero no ve futuro, que es lo grave. El presidente Santos corchó a Nohemí Sanín en la campaña cuando le preguntó sobre la enfermedad holandesa que hoy afecta a nuestro país. Y la verdad, como gobernante es poco lo que ha hecho para enfrentar este reto que hoy destruye el empleo y la industria nacional.
En justicia, es poco lo que puede hacer, pues Estados Unidos y Europa tienen la impresora de billetes funcionando a toda máquina. El mundo enfrenta una guerra de monedas. Pero lo que no ha hecho es utilizar la bonanza minero energética para proteger sectores débiles y enfrentar los cuellos de botella que tiene nuestra economía en materia de competitividad. Dicho de otra manera, no ha usado el peso fuerte para reconversión industrial ni ha enfrentado uno de los temas claves en esta materia: el costo de la energía.
Le quitó a la industria el sobrecosto del 20 por ciento que tenía que pagar, lo que es una buena medida. Pero no pasó de ahí. Y es mucho lo que se puede hacer, pues hoy nuestro costo en energía es un 50 por ciento mayor que en Estados Unidos, México y Perú. ¿Podemos competir así? Claramente no.
Tenemos sobrecostos regulatorios que incrementan la tarifa en cerca de un 50 por ciento y que benefician a unas pocas empresas del sector energético, en detrimento de la industria nacional. No sé si es captura de la CREG por parte de esas empresas o qué, pero el sistema regulatorio hoy no es el que necesita el país en este nuevo marco competitivo.
Hay medidas de corto plazo. En la tarifa hay entre un 8 y un 10 por ciento de sobrecosto por pérdidas. Estamos todos financiando la ineficiencia del sector energético. No hay razón para instalar contadores prepago o mantener las líneas pues les pagamos por no hacerlo. En el mundo aceptan pérdidas de un 5 por ciento. En Colombia la CREG les acepta un 15 %. Inaceptable.
Por seguridad hay otro sobrecosto en la tarifa del diez por ciento. La redundancia ante los atentados hace que Bogotá tenga siete sistemas mientras necesita solo cuatro. Un problema de defensa que debe encontrar soluciones tecnológicas que ya existen.
No podemos seguir viendo cómo el carbón sale a otros países mientras acá no utilizamos esa fuente energética. Estados Unidos quema 1.200 millones de toneladas y China 2.000. Colombia, sentada en 300 años de reservas (el equivalente a 200 mil millones de barriles de petróleo) no utiliza de manera amigable con el ambiente, que la hay, esta gigantesca fuente de energía.
La crisis de reservas en petróleo, solo hay para seis años, y los proyectos hidroeléctricos paralizados presentan un grave panorama energético a mediano plazo, que el actual gobierno no quiere asumir y enfrentar. Las licencias ambientales hoy se demoran más de dos años; consultas eternas e invasiones de tierras tienen paralizado el desarrollo del sector energético y del país. Ni hablar de biocombustibles y el freno en esa industria.
Debemos barajar de nuevo en el sistema energético. Pensar a largo plazo, acabar los oligopolios y fomentar la competencia, dejar que las regiones diseñen su propia canasta energética y pensar en la energía como una ventaja competitiva para la industria que genera el empleo y los impuestos que crean la cohesión social.
No puede ser que en Barranquilla, para dar un solo ejemplo, vean pasar a metros por el Magdalena miles de toneladas de carbón y paguen la energía más cara del país. Algo no cuadra. Por eso, hay que construir una nueva política energética en Colombia.
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