Efrain Castaño


Empieza en estos días el período vacacional que para muchos padres de familia es un gozo mientras para otros es un problema; no es fácil tener durante varias semanas a quienes están en una edad explosiva y vivaz, llena de interrogaciones e incógnitas; edad que encuentra miles de ofertas y oportunidades muchas de ellas nada positivas y hasta nefastas para cualquier ser humano.
Está comprobado que en vacaciones la mayoría de los niños y jóvenes tienen sus primeras experiencias en el campo del licor, droga, relaciones íntimas, bandas juveniles, uso de armas, compañías extrañas, contactos nada enriquecedores.
También en vacaciones muchos han iniciado experiencias con grupos positivos tipo Scout o juveniles de movimientos eclesiales o filantrópicos, en línea del deporte o del arte; son muchos quienes en vacaciones han logrado experiencias en música, pintura, escultura, idiomas.
Las vacaciones son un tiempo que pone a prueba la facultad educadora de los padres de familia, si solo son procreadores de momento o saben ser responsables para compartir con sus hijos momentos de inmenso valor en la formación integral; vacaciones son momento para estrechar el amor, la cercanía, el diálogo, la unidad familiar.
Es hora de dar tiempo a los hijos, pasear juntos, aprender a dialogar sin alegar, conversar sobre los tópicos que a los chicos les gusta tal vez lejanos a nuestro modo de pensar; las vacaciones se tornan así no en un período vacío o pesado sino en una oportunidad de cercanía y unidad familiar.
En vacaciones hay para los hijos múltiples ocasiones para seguir el proceso formativo más allá de lo académico; la Iglesia por ejemplo organiza en muchas parroquias la Monaim (Movimiento navideño infantil) o la OTV (Organización tiempo de vacaciones); hay también movimientos como el Scout, Infancia Misionera, Policía Cívica que tienen para niños y jóvenes jornadas de auténtica formación; organismos como Confamiliares o la Alcaldía tienen espacios de "vacaciones recreativas" que orientan el dinamismo propio de esta edad adolescente e infantil.
Con los niños y jóvenes es mucho lo que se puede hacer; hoy recuerdo que el 5 de diciembre de 1995 murió en España la pequeña Alexia González Barros de tan solo catorce años de edad.
Esta niña está en proceso de canonización por su corta vida pero inmensa en valor; estudiante, juguetona, buena amiga, hasta gustaba de escuchar música de su tiempo (gustó de la música inicial de Shakira en su génesis); un día le descubren cáncer en su columna que la atormentará hasta su final; el Opus Dei ayudó a sus padres en el proceso y ella aprendió a ser valiente hasta decir: "soy feliz si estoy siempre con Dios". La película "camino" nos cuenta esta bella historia familiar.
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