Jaime Alzate


Esta fue la frase no solo de la semana, ni del año, sino de todo un período presidencial. Escribí esta columna el jueves en la noche, y lo que se ve hasta el momento es uno de los acontecimientos de protesta popular más peligrosos de los últimos tiempos, que deja consideraciones con un sabor amargo, a desgobierno y decepción, después de que pensamos que el país iba saliendo del hueco, encaminándonos hacia una época de prosperidad, dentro de un gran respeto por parte del gobierno y un deseo de paz dentro del orden por parte de los ciudadanos.
Desafortunadamente, todo indica que el poder que mantienen los terroristas de los grupos vandálicos ha sido imposible de controlar, y cuando se presentan acontecimientos como el que soportamos, se necesita que la taza se rebase para entrar a actuar con verdadera autoridad. Solo entonces se comienza a sentir que sí existen gobernantes capaces de enfrentar a las hordas de salvajes, que sin respeto por la vida y los bienes de sus conciudadanos, bandadas de raponeros empleando armas prohibidas inclusive donde enfrentan cruentas y violentas guerras, como en Siria y Egipto. Estos desadaptados, muchos de ellos salidos de universidades estatales, agreden a una fuerza pública compuesta por muchachos de estratos sociales de clases medias y pobres, que se juegan la vida por darle seguridad a la ciudadanía, en la que se incluyen los padres y hermanos de los que con esas repudiables actitudes, piensan y actúan con mentalidad tan torcida.
De este desastre, gracias a Dios, nos vimos libres en Manizales.
Se ha escrito mucho sobre estas dos violentas semanas, y ojalá al leer esta columna podamos decir que ya pasamos esta negra página. Sin embargo, es bueno hacer unas cortas reflexiones que nos pueden servir para que en el futuro las autoridades aprendan a manejar situaciones violentas. No hay duda que lo mejor sería que algún día se cumplieran las promesas que a boca llena hacen los candidatos en sus campañas políticas, y dejaran de defraudar a un pueblo que tiene que sufrir los crueles rastros de la miseria sin otra alternativa que salir a las calles a dejarse manejar por los terroristas infiltrados, y convertirse en carne de cañón de las partes en conflicto.
Pero aquí vienen unas consideraciones que me parecen oportunas por los hechos que hemos presenciado, y que tal vez sirvan para abrirles los ojos a los padres de familia cuyos hijos, irresponsablemente, salen a agredir en peligrosas pandillas a nuestros policías y nuestros soldados. El ejemplo que reciben dentro de sus mismas casas, cuando se presenta algún acontecimiento en el cual están involucrados miembros de la familia y la fuerza pública es patético; comienzan los mayores a denigrar de estos, metiéndoles en la cabeza a los muchachos que no son los bandoleros o los atracadores los responsables, sino que es la policía por no haber podido echarle mano de inmediato a los malhechores, e inclusive cuando lo que hacen es salvarlos de graves peligros. Esto va creando un ambiente de rechazo, que cuando toca vivir momentos como los actuales, producen las consecuencias que muchas veces llevan a las grandes tragedias familiares y cuya responsabilidad en su mayor parte es de quienes no han sabido educar a sus hijos. Aquí incluyo adolescentes de todas las clases sociales.
También es necesario que el gobierno actúe con mano fuerte, porque la menor muestra de debilidad, o los graves errores como los cometidos por los más altos funcionarios, comenzando por las metidas de pata del presidente, abren las puertas al salvajismo y el desorden, obligándolos a expresar su "mea culpa" y a pedir disculpas públicas por frases ofensivas y muchas veces provocadoras.
Ojalá salgamos pronto de este oscuro laberinto, porque esta situación puede volverse más violenta si no se cumplen las promesas y los compromisos que se adquieran, y que por ser tantos y de tanta envergadura no son fáciles de cumplir.
Señor Presidente: con todo respeto, aunque no toda la responsabilidad es suya, tendrá que reconocer que ha habido un muy mal manejo de su gobierno. Nos sentimos defraudados, pero esperamos que dando un vuelco a parte de su equipo de trabajo, pueda sacar adelante lo que ha prometido. De no ser así tendremos un futuro muy oscuro por la gravedad de los problemas que estamos afrontando, y usted es consciente de ello.
Y para rematar, acuérdese que las conversaciones de paz con los narcoguerrilleros están en la cuerda floja y que minimizar hechos tan graves como el paro actual es muy delicado.
P.D.: Un comité es un grupo de personas sin capacidad, reunidas para no pensar en algo que carece de importancia.
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