Efrain Castaño


Estamos en época de premiaciones, el 20 de noviembre se otorgó el premio nacional de periodismo; el 21 el Gramy Latino y en estos días se habla de premiación para los estudiantes al terminar las diversas etapas de su itinerario formativo y académico.
El premio de periodismo se nomina: Gabriel García Márquez en mención a nuestro Nobel de Literatura y el impacto que con su realismo mágico ha traído al mundo; se habla del idioma macondiano en referencia a Macondo y su historia; es innegable que cada obra que sale de la pluma de nuestro Nobel es ampliamente difundida y reconocida.
Hablando de su obra central "Cien años de soledad" quiero hacer referencia a su final; después de leer los pergaminos entregados por Melquíades, Aureliano Babilonia culmina la obra anotando que la estirpe que habitaba Macondo "estaba condenada a cien años de soledad y no tenía una segunda oportunidad sobre la tierra".
Es posible que en el ámbito político, económico y social para algunos pueblos y personas no haya segunda oportunidad, ni siquiera una primera porque se le han negado todos los derechos, progresos y oportunidad de avance en la existencia.
Pero en el aspecto de realización personal y desde la perspectiva religiosa es verdad que siempre hay una segunda y tercera oportunidad sobre la tierra; el fatalismo no es la herencia para el ser humano que desea soñar y romper ataduras; por eso es tan peligroso dejar a la persona humana en la ignorancia, sin el derecho a educarse, a conocer las raíces de la existencia, las razones para vivir; privar de la educación, el recuerdo y la catequesis es poner peligrosas vendas en los ojos y dejar en la ceguera a la persona humana.
El pensamiento cristiano en sus raíces bíblicas ha superado los conceptos griegos del tiempo como fatalidad, como eterno retorno de lo mismo y ha aportado la visión del tiempo como algo dinámico, orientado hacia el futuro, como génesis, historia y maduración.
Llama la atención que en este tiempo que se acerca de Adviento y Navidad se haga uso extendido de luces, colores, sonido, ambiente agradable, perdón, reconciliación, canto, juego, descanso, encuentro familiar y grupal, acercamiento después de períodos de alejamiento.
Entendamos que todo esto se vive porque la presencia de Jesús de Nazareth es la gran noticia: de lo pequeño surge lo inmenso, de lo oculto emerge la deslumbrante alegría de vivir, de una pesebrera se irradia un canto universal y aparecen sobre el firmamento de la humanidad las palabras de paz y amor.
Siempre hay un mañana mejor, una segunda oportunidad para amar, perdonar, mejorar, corregir; hay una segunda oportunidad en la vida para todos; por ello dice Hebreros 11,1: "la fe es garantía de lo que se espera". Para ello no es necesario el dinero, los gastos, sino el deseo de disfrutar del premio traído por Jesús de Nazareth: gozo de vivir.
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