Yohir Akerman


El diputado antioqueño Rodrigo Mesa es un lamentable reflejo de lo que muchas veces es la política colombiana: ignorante, racista, mentirosa, burda, pero con buena suerte. O mejor, con importantes amigos y contactos.
Después de faltar al deber de respeto en su calidad de servidor público, diciendo la lamentable y errada frase que "la plata que uno le meta a Chocó es como perfumar un bollo", demostrarse que generó falsedad ideológica en un documento público al mentir en su hoja de vida entregada a la Asamblea y, posteriormente, obstaculizar la investigación en su contra por estos hechos, el diputado ahora debe estar celebrando una irrisoria sanción que le fue impuesta en su contra.
Como lo denunció Daniel Coronel en su columna de Semana, Mesa tuvo la suerte, o mejor los contactos, para que su inhabilidad pasara de 13 años a cinco meses gracias a que uno de sus padrinos políticos, el senador Luis Fernando Duque, fue un peón clave en el ajedrez de la reelección del procurador Alejandro Ordóñez. ¿Cómo pudo ocurrir eso?
La respuesta es obvia: se llama clientelismo. El día de la votación el senador Duque resolvió y desechó de manera sorprendente y en cuestión de horas los impedimentos de voto de 36 senadores para la elección del Procurador, elemento que resultó decisivo y clave para que Ordóñez fuera elegido para un segundo período.
Tan solo 14 días después de esa histórica y lamentable reelección, salió la medida a favor del protegido del senador Duque.
Esto demostró de nuevo que entre lo sublime y lo ridículo no hay más que un pequeño paso, como dice la famosa frase.
¿Qué otras ayudas o favores, fuera de reducir la sanción de Mesa, le deberá el procurador Ordóñez al senador Duque? ¿Qué otras investigaciones serán precluidas o iniciadas, como parte de la negociación con este y otros senadores para sacar adelante esta reelección? El tiempo lo irá demostrando. Y no mucho tiempo.
Lo que es claro ahora es que esta sanción es un irrespeto a la justicia, al sentido independiente que debe definir la función de la Procuraduría, que ahora se encuentra más en entredicho, y, sobre todo, a los habitantes del Chocó. Sin duda.
Ese departamento recibe a diario la peor ofensa de la sociedad colombiana y del gobierno que es el saqueo y el olvido. El nombre del departamento salta a los medios de comunicación cuando ignorantes y burdos políticos ofrecen declaraciones racistas y clasistas, como la de Mesa.
La mejor muestra de respeto a este departamento, y otras regiones oprimidas, es valorar sus recursos e invertir realmente en su desarrollo social, como el proyecto para invertir recursos educativos en los municipios chocoanos que están en los límites con Antioquia que se estaba discutiendo en el momento en que Mesa soltó su horrible metáfora.
Pero no, el racismo activo, como el de Mesa, y el pasivo, como el del resto del país al no hacer nada por este departamento y sus habitantes, es el común denominador en este país. Una vergüenza.
Ante la ignorancia e irrespeto del diputado antioqueño, los chocoanos en su momento respondieron con inteligencia y altura. Ahora la Procuraduría responde demostrando los costos de una reelección en la que se comprometió la independencia y la justicia.
Esto no solo afecta indirectamente a los habitantes del Chocó, sino directamente al país en general.
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