Pedro Felipe Hoyos Körbel


Si se concibe a la ciudad como un cuerpo y se analiza anatómicamente, llegaríamos a la conclusión de que se compone de muchos órganos dependientes los unos de los otros, sin reparar en su tamaño, y los más pequeños cumplen funciones vitales para los órganos más grandes y viceversa. Las ciudades tienen corazones, pulmones, glándulas, sangre y muchas partes que hacen perfecta la analogía, especialmente por el hecho de que son seres vivos en constante transformación.
Para muchos manizaleños esta comparación es de poca relevancia debido que les es ajeno formarse conceptos y criterios propios, ellos pretenden solo su bienestar y reflexionar sobre su entorno les es dispendioso. De esta manera suceden cosas que estas personas egocéntricas y egoístas posteriormente, muy acaloradas, critican.
Son pocos los manizaleños que entienden de la importancia de la zona industrial, que saben cuáles son las ventajas de tener unas zonas residenciales definidas, y los que pueden articulan de una forma integral el peso del centro histórico. Poco saben los manizaleños de la interrelación de las diferentes partes de la anatomía de la ciudad, inclusive aquellos que ganan el sustento estableciendo normas que armonicen y regulen esas partes.
Este año se define de nuevo el POT, significativa norma que será el plan maestro de la organización territorial que orientará lo que se pude hacer en y por la ciudad, durante los próximos 12 años.
La lectura del Plan vigente induce a creer que Manizales es una especie de máquina o ecuación, carente de vida, ya que sus redactores no son capaces de entender la ciudad como algo vivo, y especialmente que la habitan los seres más complejos como son los humanos. En vez de crear una guía, se ha concebido una camisa de fuerza. Daré unos ejemplos que permiten visualizar mi observación: La definición que da el POT de habitantes es singularmente pobre; creo que se legisla para el hombre y no a la inversa. Si los habitantes de la ciudad son el objetivo de esta norma ¿por qué no se formula en ese sentido? Lograr esa definición es un acto más filosófico que jurídico, ahí el cuello de botella del POT. Es hora de reconocer que para legislar se requiere una mirada trasversal y multidisciplinaria. Igualmente hace el POT una omisión curiosa acerca del suelo, pues solo es definido en su función social y ecológica sin profundizar en el significado y trascendencia de lo social.
El POT ignora al centro histórico a pesar de dedicarle un capítulo, tanto que ante el Ministerio de la Cultura el centro histórico de Manizales no tiene estatus ni reconocimiento como tal. En él se habla en una parte de "respetar" el centro histórico y parágrafos más abajo se deciden a "revitalizar" el centro, concepciones que no dan las pautas para poner en un funcionamiento las potencialidades y responsabilidades del centro histórico con el resto de la ciudad. Su delimitación espacial es también sesgada, porque se basa solo en el tipo de arquitectura y no en las personas que lo habitan y sus dinámicas sociales. Crea unas zonas de influencia, pero olvida crear una zona de amortiguación. El POT actual cuando trata de proteger las construcciones antiguas se remite a la normatividad nacional, sin crear una definición propia que armonice su enunciado y su "espíritu" como lo diría un famoso francés. Declara de importancia a unas cuantas construcciones y monumentos, no más de diez, y en esa lista aparecen tres locomotoras. Manda crear el POT una junta para velar sobre el centro histórico, logrando una irrisoria incidencia. Una junta, que además de estar mal integrada, no tiene funciones que realmente vislumbren el futuro de esta parte de la cuidad. No pasó el POT de crear un invitado de piedra cuando diseñó a medias y sin conocimiento de causa aquella junta, cuyas obras los manizaleños no hemos visto.
El nuevo POT debe tener en cuenta que esta parte de la ciudad tiene un gran significado, que en ella vive gente, o sea que es residencial, que alberga una parte de la burocracia del Estado en sus tres niveles, que le da espacio a un comercio tradicional, que es una fuerza que jalona notoriamente el turismo y que gran parte de los problemas de espacio público se centran aquí. La más destacada característica la quiero poner aparte: reúne el centro histórico la parte más original de la ciudad expresada en un bello conjunto arquitectónico que data de tiempos irrepetibles. Datan esas construcciones de una época donde lo estético era esencial a la arquitectura, y a la vez proviene del gran apogeo que tuvo la ciudad en todos sus ámbitos. Es el centro histórico uno de los portentos de la ciudad.
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