Luis Prieto


Colombia, el país del atraso. Cuando se lee e investiga sobre actividades privadas y públicas del país y se comparan con las de los vecinos, también enmarcados como países subdesarrollados, la frustración es total.
El Foro Económico Mundial que califica el capital humano, al referirse a América latina, ubica a Colombia entre los más atrasados, a 37 escaños de Costa Rica, que tampoco está entre los punteros.
Esto explica que productos colombianos que incorporen mano de obra o aun maquinaria, están lejos de ser competitivos. El parque industrial colombiano es anticuado si se compara con el que se tiene que competir en un mercado abierto como el que Colombia está estableciendo. Modernizarlo implica una gran inversión que no se ve por parte alguna.
La agricultura, que muchos vecinos la tienen como el fundamento de su desarrollo, en Colombia ha sido dejada a la deriva con sembrados anacrónicos, frutos no comerciales, sin investigación alguna y con un transporte vial que duplica los costos de producción. La debilidad de su calidad y valor fueron expuestos con claridad por el reciente paro agrario, cuyos integrantes gritaban a todos los vientos y con violencia, que no podían con los precios del mercado que empezaban a imponerse con la apertura comercial.
Un ejemplo el más lastimoso, lo sucedido con el café, el producto agrícola nacional por excelencia, con casi ciento cincuenta años en los campos nacionales. Su competitividad, en vez de progresar, va cuesta abajo. Durante años como segundo productor mundial, hoy ocupa el puesto octavo, casi olvidado por el mercado. La tecnología que hoy mueve el mundo, ha sido ignorada por quienes han sido sus directores.
En Colombia, una hectárea de café produce 11 sacos en promedio. En Brasil con tecnología propia, 34 sacos. Vietnam con 20 millones de sacos de producción, mucho más.
La excusa de un bajo precio externo, es refutada por Juan José Echavarría, director de la Comisión para el Estudio de la Política Cafetera. Insiste en que el precio actual, históricamente corresponde a un precio medio alto.
También Echavarría insiste en que la salida para la caficultura colombiana actual, es la tecnología y productividad. Eso es irrebatible pero como todo lo relacionado con tecnología propia, la exigencia de la inversión es alta y toma tiempo, no corto, de investigación. Se requieren estudios de los diferentes y variados suelos, clima y del ámbito tropical. Lo más costoso, la investigación genética para variedades generosas en producción e impermeables a plagas devastadoras.
Echavarría apunta al café robusta en sitios más fáciles y competitivos, teniendo en cuenta que esta variedad se ha impuesto y la arábiga pierde terreno.
Las finanzas estatales están en una encerrona. A medida que las exportaciones crecen, especialmente las agrícolas, se acentúa una crisis inmanejable. La diferencia entre los precios de lo importado y los elevados costos de producción vernáculos y elevados, conjuntamente con el irredento café, dará lugar a peligrosas reacciones que solo se aplacan con subsidios. Pero el fisco nacional no tiene esos enormes recursos.
Si esto sucede en este campo, en la industria la situación es alarmante. En un pasado figuró con una participación del 22% del PIB. Hoy alrededor del 5% como máximo. Desde hace unos 15 años empezó a perder la representación que le imprimieron sus fundadores ilustres. Hoy nadie se anima a fundar una nueva industria y las del pasado están en manos extranjeras.
Curiosamente mientras el comercio crece, la producción industrial decrece. La diferencia, es surtida con producción importada.
Una preocupación más es el caso del petróleo, motor vital para Colombia. Constituye el 80% de las exportaciones. Su mayor comprador, Estados Unidos, hasta hoy gran importador. Recientemente este país ha encontrado inmensas existencias de petróleo y gas, que muy pronto abarrotarán el mercado como uno de los mayores exportadores del mundo. Consecuentemente los precios de estos energéticos se irán al suelo y con ellos la economía colombiana que no tiene remplazo.
Colombia no tiene petróleo. Lo explotado proviene de saldos dejados por grandes petroleras que salieron del país hace años, por agotamiento y precios bajos. Con el producido de unos pequeñísimos pozos encontrados, se ha completado lo hasta ahora exportado. Las reservas de petróleo duran 7 años. Si por un milagro, hoy se descubriera otro Cusiana, el tiempo que se tardaría para ponerlo en oleoductos serian también 7 años, con la olla raspada.
Movimientos en Ecopetrol al Asia olfateando nuevos mercados, muestran nerviosismo. El gobierno naturalmente, silencio sepulcral.
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