Rudolph Homes


A pesar de que hay incertidumbre sobre el sector externo, la industria y la capacidad de la economía de continuar generando empleo, este año termina mucho mejor que lo que se temió con las cifras del primer trimestre. Tanto el desempleo como la inflación están en niveles muy bajos en comparación con los años anteriores. La suma de esas dos tasas, la de desempleo y la de inflación, que mide la incomodidad que conjuntamente producen esos dos fenómenos, y que por esa razón el economista Arthur Okun bautizó como el "índice de sufrimiento", va a ser también de un dígito, posiblemente la más baja desde que se tiene en cuenta esa suma en Colombia.
En el gobierno están dichosos con razón. El ministro de Hacienda le atribuye buena parte de los resultados a su estrategia ("PIPE"). Por lo menos en lo que se refiere al manejo de la tasa de cambio es indiscutible que han mejorado notablemente las cosas. Los oráculos del DNP, que son tradicionalmente prudentes y acertados, están esperando un crecimiento mayor a 4 por ciento este año, impulsado por el consumo público y la inversión total. Los sectores con mayor crecimiento son el de construcción (más de 7 por ciento), financiero (5.2%) transporte (4.5%) comercio (4.4%) y servicios (4.2%). El sector agropecuario puede crecer 3.5 por ciento en el año y en el tercer trimestre experimentó un crecimiento extraordinario de 6 por ciento anual.
Algunos observadores no comparten el optimismo que estas cifras comunican porque persiste el problema del bajo crecimiento en la industria, la desaceleración de la producción minera y de las exportaciones. Dicen que el crecimiento no es sostenible si depende excesivamente o exclusivamente de servicios y de inversión pública. Probablemente el aumento significativo de la inversión en infraestructura que incide positivamente en el PIB, traiga consigo un impulso a la industria y a las exportaciones industriales en años venideros, pero esto no va a ser suficiente. Estamos en mora de adoptar una estrategia para impulsar el crecimiento industrial y el agropecuario, y otra para recuperar el dinamismo de la minería.
Eso no impide disfrutar la caída del desempleo a niveles de un dígito que no se habían vuelto a ver. Sobre este último desarrollo, el ministerio de Hacienda ha preparado un estudio en el que se destaca que la economía colombiana es la ha generado mayor empleo entre las seis mayores de América Latina (2,6 millones de nuevos empleos entre agosto de 2010 y octubre de 2013), y que el empleo formal está creciendo más rápidamente que el informal. Según ellos, durante los últimos tres años se generaron 2,5 millones de empleos de calidad, excluyendo el aumento en el subempleo (Reportes de Hacienda No. 10). El último informe de ANIF también destaca un leve progreso en la calidad del empleo. Coincide con el profesor Hugo López en decir que aunque la última cifra de desempleo lo coloca por debajo del 8 por ciento, las cifras desestacionalizadas lo sitúan por encima del 9 por ciento. Sin desconocer los logros señalados, y que el año termina bien, no se puede cantar victoria todavía. La caída de la inflación permite estimular el empleo y permitir que la economía crezca con mayor rapidez.
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